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viernes, 8 de noviembre de 2013

Día del Gaitero



Hoy, a un año más de la desaparición física de Ricardo Aguirre “El Monumental”, se celebra el Día del Gaitero en su honor. Cada 8 de noviembre, desde hace mas de 30 años aproximadamente, en el estado Zulia se hace esta celebración, igualmente en Falcón y Caracas se festeja esta fecha, en conmemoración al gran gaitero.

Sin embargo, por aquellas casualidades de la vida, la gaita hoy también está de fiesta porque “El Colosal” Ricardo Cepeda, celebra otro año más de vida. Desde Caracas y de este humilde blog, expreso mi más grande felicitación a todos los gaiteros en su día, hombres y mujeres que con su música cultivan los valores y tradiciones zulianas, acervo cultural de Venezuela. Conozcamos un poco sobre la biografía de este gran hombre de la gaita.


Ricardo José Aguirre González, nació en Maracaibo el 9 de mayo de 1939 y murió accidentalmente en la misma ciudad el 8 de noviembre de 1969. Maestro de educación primaria (Escuela Normal Nacional Gervasio Rubio, Edo. Táchira, 1959), locutor (1962) y músico (cantante, cuatrista, compositor, director y arreglista).

Estuvo plenamente consustanciado con el pueblo zuliano y le cantó a Maracaibo, a su gente y a sus angustias vivenciales, expresadas en la protesta, con una voz inconfundible y única, que le valió el justo apelativo de "El Monumental de la Gaita", bautizado así por el destacado crítico gaitero Dr. Octavio Urdaneta.

Graduado de maestro a los 19 años, se inició en Bachaquero durante dos años en la escuela Rafael Urdaneta, para regresar a Maracaibo e incorporarse a la Escuela Monseñor Francisco A. Granadillo de Monteclaro, donde escribió la música del Himno de la escuela Granadillo con letra de Jorge Samper, al mismo tiempo se desempeñaba como locutor del programa radial La Voz de la Fe.

En el ambiente gaitero empezó por ser director de Los Sabrosos, con los cuales no llegó a actuar o lo hizo en forma muy ocasional, y con Santa Canoíta. En 1962 ingresó a Cardenales junto con sus hermanos Rixio, Renato y Alves, poco después de la división del conjunto, donde propuso que le añadiera un complemento al nombre y así surgió Cardenales del Éxito. 

Grabó las primeras gaitas con esta agrupación en 1963: Golpe Tradicional de Rixio Aguirre, Gaita, Gaita de Pedro Colina y Gaitas Tradicionales de Luis Ferrer y Rixio Aguirre. Empezó así su largo camino de éxitos como: La Parrandera, La Bullanguera, Vieja y Famosa, Madre, los Piropos, Mi Danza, La Gaita del 65, Reina Morena, Mi Chinata, Imploración y La Boda del Cachicamo.

En 1967, por diferencia entre los integrantes de Cardenales del Éxito, se fue al conjunto Saladillo y con ellos grabó: El Indolente, Ronda Antañona, La Cantarina, La Flor de la Habana (1y2), Dos Madres Antañonas, y La Grey Zuliana (1968). En esta última, según Arnoldo Hernández Oquendo, la música y el introito de la gaita pertenecen a Ricardo Aguirre, pero el estribillo a Marcial Valbuena, y además se le introdujo por primera vez un bajo eléctrico en un conjunto profesional.

Esta gaita (La Grey Zuliana) ha sido bautizada como el Himno de la Gaita Zuliana por su gran proyección. En 1969 fue nombrado supervisor regional de educación para los distritos Mara y Páez. Regresó a Cardenales del Éxito, pero un fatal accidente de tránsito segó la voz de este insigne gaitero, en la madrugada del 8 de Noviembre del año 1969, maestro, padre, hijo y hermano, pero a más de 40 años de su partida su voz y sus enseñanzas aún perduran en el pueblo zuliano.

 

jueves, 7 de noviembre de 2013

La desdichada



-¡Jamás te lo perdonaré¡-

¿Qué cosa mujer?

-No sé, pero todo lo que me haces no tiene perdón-.

“Pero si yo no te he hecho nada”…

-Claro, porque no te importo, nunca me has tomado en cuenta-.

“Cómo vas a decir eso, si yo te quiero”.

-Sí, me quieres ver muerta-.

“No digas eso, mujer”.

-No quieres que te lo diga porque te remuerde la conciencia,  sé que quieres asesinarme-.

“¿Pero qué dices? Si yo soy incapaz”…

-Claro que eres un incapaz, un inútil, un muérgano-.

“¿Pero por qué me insultas si yo no quiero pelear?”

-Seguro, no quieres pelear conmigo porque yo para ti no soy nada-.

“Por favor”…

-¡No me digas por favor! Quieres dártelas de santo, ¿como si yo no supiera todo lo que tú haces?-

“¿Pero qué estoy haciendo? Dímelo”.

-Todo, todo-…

“Pero mujer, tú estás loca”.

-Loca ¿verdad?, loca… eso es lo que piensas de mí. Yo lo sabía pero ahora me lo has confesado-.

“No, no, si yo no quise decir eso”.

-Querías decirme algo peor ¿no? dímelo, anda, dímelo, ¡perro! Insúltame como lo estás pensando-.

“No chica, yo no quiero discutir contigo”.

-Claro, tú no discutes con locas. ¡Ya se te salió el machismo! ¡muérgano, degenerado! Te crees superior y por eso no puedes discutir conmigo-.

“Te lo ruego mujer, cálmate, no insultes”.

-No te estoy insultando lagarto asqueroso, sapo inmundo. Eso es lo que tú deseas, pero jamás me rebajaría a insultar a un sucio tan arrastrado como tú-.

“Definitivamente creo que estás perdiendo la razón”.

-Ahora vas a humillarme, ¿verdad? ¡Dios mío, por qué caí yo en las garras de este monstruo? ¡Cómo me engañó igual que a una tonta!-

“Pero mujer, si yo no te engañé nada, no recuerdas que tú me propusiste matrimonio”…

-¡No me lo recuerdes, ogro sarnoso! Quieres echar sobre mí toda la culpa de este martirio-.

“No, mi vida, no”…

-No me llames mi vida, ¡Hipócrita! Anda a decírselo a otra, yo jamás seré nada tuyo-.

“¡Pero ¿qué pretendes con eso?”

-Nada, nada, no me hables. Soy una desdichada. ¿Por qué Dios mío, por qué tengo que aguantar a un hombre tan asqueroso como éste?...-




Otrova Gomas

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Anécdotas del Papa Juan Pablo II

«Karol Wojtyla me salvó la vida en 1945»



Una judía israelí revela cómo fue socorrida por el Papa al final del holocausto nazi


«Me acuerdo perfectamente. Me encontraba allí, era una niña de trece años, sola, enferma, débil. Había pasado tres años en un campo de concentración alemán, a punto de morir. Y Karol Wojtyla me salvó la vida, como un ángel, como un sueño venido del cielo: me dio de beber y de comer y después me llevó en sus espaldas unos cuatro kilómetros, en la nieve, antes de tomar el tren hacia la salvación».

Edith Zirer narra el episodio como si hubiera sucedido ayer. Era una fría mañana de primeros de febrero de 1945. La pequeña judía, que todavía no era consciente de ser el único miembro de su familia que sobrevivió a la masacre nazi, se dejó llevar en los brazos de un sacerdote de 25 años, alto, fuerte, que sin pedirle nada, simplemente le dio un rayo de esperanza.
 
Hoy aquel sacerdote, según ella, es el obispo de Roma. Edith querría agradecer finalmente aquel gesto. «Sólo un pequeño gracias en polaco por aquello que hizo, por la manera en que lo hizo, para decirle que nunca me olvidé de él», dice desde su hermosa casa ubicada en las colinas del Carmelo, en la periferia de Haifa.

Edith tiene 66 años y dos hijos. Reconstruyó su vida en Israel, donde llegó en 1951, cuando todavía padecía las lacras de la tuberculosis y los fantasmas de la guerra alteraban sus sueños.

Durante todo este tiempo se ha guardado esta historia. Cuando en 1978, Karol Wojtyla subió a la cátedra de Pedro, comenzó a sentir la necesidad de hablar, de contarlo a alguien, de mostrar su agradecimiento. La pregunta surge inmediatamente: pero, ¿cómo puede estar segura de que aquel sacerdote es el Papa? ¿Por qué ha esperado tanto? Estos interrogantes se los han planteado también los periodistas de «Kolbo», el semanario de Haifa que hoy publica un artículo sobre este asunto.

“El relato es convincente. No trata de hacerse publicidad, todos los detalles que ofrece parecen creíbles”, dicen los redactores. Tan convincentes que la embajada israelí ante la Santa Sede ya está moviéndose para tratar de poner en contacto a la señora Zirer con la secretaría del Papa.

La narración habla por sí misma. «El 28 de enero de 1945 los soldados rusos liberaron el campo de concentración de Hassak, donde había estado encerrada durante casi tres años trabajando en una fábrica de municiones -explica Edith, quien entonces tenía trece años-. Me sentía confundida, estaba postrada por la enfermedad. Dos días después, llegué a una pequeña estación ferroviaria entre Czestochowa y Cracovia».

Precisamente en Cracovia, Wojtyla acababa de ser ordenado sacerdote. «Estaba convencida de llegar al final de mi viaje. Me eché por tierra, en un rincón de una gran sala donde se reunían decenas de prófugos que en su mayoría todavía vestían los uniformes con los números de los campos de concentración. Entonces Wojtyla me vio. Vino con una gran taza de té, la primera bebida caliente que había podido probar en las últimas semanas. Después me trajo un bocadillo de queso, hecho con pan negro polaco, divino. Pero yo no quería comer, estaba demasiado cansada. El me obligó.

Campo de concentración nazi
Después me dijo que tenía que caminar para coger el tren. Lo intenté, pero me caí al suelo. Entonces, me tomó en sus brazos, y me llevó durante mucho tiempo. Mientras tanto la nieve seguía cayendo. Recuerdo su chaqueta marrón, la voz tranquila que me reveló la muerte de sus padres, de su hermano, la soledad en que se encontraba, y la necesidad de no dejarse llevar por el dolor y de combatir para vivir. Su nombre se grabó indeleblemente en mi memoria».

Cuando finalmente llegaron hasta el convoy destinado a llevar a los detenidos hacia Occidente, Edith se encontró con una familia judía que le puso en guardia: «Atenta, los curas tratan de convertir a los niños hebreos». Ella tuvo miedo y se escondió. «Sólo después comprendí que lo único que quería era ayudarme. Y quisiera decírselo personalmente».

Edith Zirer, casada hoy y con 2 hijos, que vive en Haifa, en una colina del Monte Carmelo, quiso estar con el Papa (59 años después de lo ocurrido) en su histórico viaje a Tierra Santa para darle personalmente las gracias justamente en el Memorial del Holocausto Yad Vashem. Fue un día inolvidable para ella y para toda la población judía, así como una lección universal de humanidad..."



martes, 5 de noviembre de 2013

Apuntes de Anatomía


Que los pies te lleven por el camino más largo hacia la felicidad, porque la felicidad son solo puntos en el mapa de la vida, y el verdadero disfrute está en buscarlos en el conocimiento y profundidad de DIOS.

Que los ojos reconozcan la diferencia entre un colibrí y el vuelo que lo sostiene. Aunque se detenga seguirá siendo un colibrí, y es conveniente que sepas, para que no confundas el sol con la luz, ni lo alto del cielo con la grandeza de DIOS.


Que las manos se tiendan generosas en el dar y agradecidas en el recibir, y que su gesto más frecuente sea la caricia para reconfortar a los que te rodean, igual que Jesús entregó sus manos en la cruz.

Que el oído sea tan fiel a la hora del reproche, como debe serlo a la hora del halago, para que puedas mantener el equilibrio en cualquier circunstancia, y así poder distinguir la voz del Señor al hablarte.

Que las rodillas te sostengan con firmeza a la altura de tus sueños y se aflojen mansamente cuando llegue el tiempo de oración y charla con el Todopoderoso. 

Que la espalda sea tu mejor soporte y no la carga más pesada, pues en la cruz se entregaron y vencieron las cargas de tu alma.

Que la boca refleje la sonrisa que hay adentro, para que sea una ventana del alma y no la vidriera de los dientes, para que te comuniques con sabiduría y entendimiento.

Que los dientes te sirvan para aprovechar mejor el alimento, y no para conseguir la tajada más grande en desmedro de los otros, y para que los muestres al mundo en señal de agradecimiento por las bendiciones que DIOS te ha concedido.


Que la lengua encuentre las palabras más exactas para expresarte sin que te malinterpreten, hablando palabras de consuelo y de vida.



Que las uñas crezcan lo suficiente para protegerte, sin lastimar a nadie, siempre peleando la buena batalla.


Que la piel te sirva de puente y no de valla, cuando al tacto de tus semejantes emanes la energía espiritual de sanidad y salvación que nuestro DIVINO SEÑOR ha depositado en ti.



Que el pelo le de abrigo a todas tus ideas y que siempre adornen, más que un buen peinado, pensamientos de prosperidad.

Que los brazos sean la cuna de los abrazos y no una camisa de fuerza para nadie, y sí la fuerza para apoyar al herido y levantar al caído.


Que el corazón toque su música con amor para que tu vida sea un paso del universo hacia delante, bendiciendo tu vida y la de los tuyos.


Autor desconocido




lunes, 4 de noviembre de 2013

La bondad y la fuerza


El sol y el viento discutían sobre cuál de dos era más fuerte. La discusión fue larga, porque ninguno de los dos quería ceder. Viendo que por el camino avanzaba un hombre, acordaron en probar sus fuerzas desarrollándolas contra él.

“Vas a ver” dijo el viento “como con sólo echarme sobre ese hombre, desgarro sus vestiduras”. Y comenzó a soplar cuanto podía. Pero cuanto más esfuerzo hacía, el hombre más oprimía su capa, peleando contra el viento y seguía caminando.

El viento encolerizado, descargó lluvia y nieve, pero el hombre no se detuvo y más cerraba su capa. Comprendió el viento que no iba ser posible arrancarle la capa al hombre que estaba determinado a no aflojar su protección.

Sonrió el Sol mostrándose entre dos nubes, recalentó la tierra y el pobre hombre, que se regocijaba con aquel dulce calor, se quitó la capa y se la puso sobre el hombro.


-Ya ves- le dijo el sol al viento -como con la bondad se consigue más que con la violencia-.



León Tolstoi

viernes, 1 de noviembre de 2013

Día de todos los Santos


El Día de Todos Los Santos 

Es una fiesta católica que se celebra en honor a todos estos, sean reconocidos o no. El Papa Urbano IV fue quien la instituyó esta celebración para que los fieles pudieran "compensar cualquier falta en las fiestas de los santos durante el año".


En los países de tradición católica, se celebra el 1 de noviembre, tal día como hoy; mientras que en la Iglesia Ortodoxa se celebra el primer domingo después de Pentecostés; aunque también la celebran las Iglesias Anglicana y Luterana. En ella se venera a todos los santos que no tienen una fiesta propia en el calendario litúrgico.


Este día se celebran a todos los millones de personas que han llegado al cielo, aunque sean desconocidos para nosotros. Santo es aquel que ha llegado al cielo, algunos han sido canonizados y son por esto propuestos por la Iglesia como ejemplos de vida cristiana.


Comunión de los santos

La comunión de los santos, significa que ellos participan activamente en la vida de la Iglesia, por el testimonio de sus vidas, por la transmisión de sus escritos y por su oración. Contemplan a Dios, lo alaban y no dejan de cuidar de aquellos que han quedado en la tierra. La intercesión de los santos significa que ellos, al estar íntimamente unidos con Cristo, pueden interceder por nosotros ante el Padre. Esto ayuda mucho a nuestra debilidad humana.


Su intercesión es su más alto servicio al plan de Dios. Podemos y debemos rogarles que intercedan por nosotros y por el mundo entero.


Aunque todos los días deberíamos pedir la ayuda de los santos, es muy fácil que el ajetreo de la vida nos haga olvidarlos y perdamos la oportunidad de recibir todas las gracias que ellos pueden alcanzarnos. Por esto, la Iglesia ha querido que un día del año se lo dediquemos especialmente a rezar a los santos para pedir su intercesión y ese día es hoy, 1ro de noviembre. 

Este día es una oportunidad que la Iglesia nos da para recordar que Dios nos ha llamado a todos a la santidad. Que ser santo no es tener una aureola en la cabeza y hacer milagros, sino simplemente hacer las cosas ordinarias extraordinariamente bien, con amor y por amor a Dios. 

Que debemos luchar todos para conseguirla, estando conscientes de que se nos van a presentar algunos obstáculos como nuestra pasión dominante; el desánimo; el agobio del trabajo; el pesimismo; la rutina y las omisiones.

Se puede aprovechar esta celebración para hacer un plan para alcanzar la santidad y poner los medios para lograrlo: ¿Como alcanzar la santidad?

  • Detectando el defecto dominante y planteando metas para combatirlo a corto y largo plazo.
  • Orando humildemente, reconociendo que sin Dios no podemos hacer nada.
  • Acercándonos a los sacramentos.

 Un poco de historia

La primera noticia que se tiene del culto a los mártires es una carta que la comunidad de Esmirna escribió a la Iglesia de Filomelio, comunicándole la muerte de su santo obispo Policarpo, en el año 156. Esta carta habla sobre Policarpo y de los mártires en general. Del contenido de este documento, se puede deducir que la comunidad cristiana veneraba a sus mártires, que celebraban su memoria el día del martirio con una celebración de la Eucaristía. Se reunían en el lugar donde estaban sus tumbas, haciendo patente la relación que existe entre el sacrificio de Cristo y el de los mártires.


La veneración a los santos llevó a los cristianos a erigir sobre las tumbas de los mártires, grandes basílicas como la de San Pedro en la colina del Vaticano, la de San Pablo, la de San Lorenzo, la de San Sebastián, todos ellos en Roma.


Las historias de los mártires se escribieron en unos libros llamados Martirologios que sirvieron de base para redactar el Martirologio Romano, en el que se concentró toda la información de los santos oficialmente canonizados por la Iglesia.

Cuando cesaron las persecuciones, se unió a la memoria de los mártires el culto de otros cristianos que habían dado testimonio de Cristo con un amor admirable sin llegar al martirio, es decir, los santos confesores. En el año 258, San Cipriano, habla del asunto, narrando la historia de los santos que no habían alcanzado el martirio corporal, pero sí confesaron su fe ante los perseguidores y cumplieron condenas de cárcel por Cristo.

Más adelante, aumentaron el santoral con los mártires de corazón. Estas personas llevaban una vida virtuosa que daba testimonio de su amor a Cristo. Entre estos, están san Antonio (356) en Egipto y san Hilarión (371) en Palestina. Tiempo después, se incluyó en la santidad a las mujeres consagradas a Cristo.

Antes del siglo X, el obispo local era quien determinaba la autenticidad del santo y su culto público. Luego se hizo necesaria la intervención de los Sumos Pontífices, quienes fueron estableciendo una serie de reglas precisas para poder llevar a cabo un proceso de canonización, con el propósito de evitar errores y exageraciones.

El Concilio Vaticano II reestructuró el calendario del santoral: Se disminuyeron las fiestas de devoción pues se sometieron a revisión crítica las noticias hagiográficas (se eliminaron algunos santos, no porque no fueran santos sino por la carencia de datos históricos seguros); se seleccionaron los santos de mayor importancia (no por su grado de santidad, sino por el modelo de santidad que representaban: sacerdotes, casados, obispos, profesionistas, etc.); se recuperó la fecha adecuada de las fiestas (esta es el día de su nacimiento al Cielo, es decir, al morir); se dio al calendario un carácter más universal (santos de todos los continentes y no sólo de algunos).

Categorías de culto católico

Los católicos distinguimos tres categorías de culto:

Latría o Adoración: Latría viene del griego latreia, que quiere decir servicio a un amo, al señor soberano. El culto de adoración es el culto interno y externo que se rinde sólo a Dios.
Dulía o Veneración: Dulía viene del griego doulos que quiere decir servidor, servidumbre. La veneración se tributa a los siervos de Dios, los ángeles y los bienaventurados, por razón de la gracia eminente que han recibido de Dios. Este es el culto que se tributa a los santos. Nos encomendamos a ellos porque creemos en la comunión y en la intercesión de los santos, pero jamás los adoramos como a Dios. Tratamos sus imágenes con respeto, al igual que lo haríamos con la fotografía de un ser querido. No veneramos a la imagen, sino a lo que representa.

Hiperdulía o Veneración especial: Este culto lo reservamos para la Virgen María por ser superior respecto a los santos. Con esto, reconocemos su dignidad como Madre de Dios e intercesora nuestra. Manifestamos esta veneración con la oración e imitando sus virtudes, pero no con la adoración.

Fuente: Catholic.net