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sábado, 6 de febrero de 2016

¿De qué vale?


De qué vale leer la Biblia todos los días y no poner en práctica su Santa Palabra? 
De qué vale llenarnos la boca diciendo que somos "cristianos" y no reconocemos a Cristo en nuestros semejantes?
De qué vale andar echando bendiciones (cual si fuésemos ángeles divinos), y no tener la humildad  siquiera de pedir la bendición,  reconociendo que somos unos viles pecadores?
De que vale decir que amamos a Dios cuando humillamos y despreciamos al prójimo?
De que vale estar metido en una Iglesia y descuidamos nuestro hogar y la propia familia?
De que vale darnos golpes de pecho delante de los hombres y no ofrecemos una mano de ayuda al necesitado?


De que vale recitar los pasajes bíblicos de memoria y vamos por allí libremente hablando mal de los demás?
De que vale decir que Dios es el único Juez y nos la pasamos juzgando a los demás, sin ver nuestras propias fallas?
De que vale hablar de ser agradecidos con Dios que nos provee y somos malagradecidos con los demás cuando tratan de ayudarnos, inventando fallas que solo están en nuestra mente, descargándoles nuestro mal genio e inconformidad con nosotros mismos?
De que nos vale conocer que la misericordia es una gran virtud que caracterizó a Jesucristo, cuando somos egoístas e impíos y sólo damos de lo que nos sobra o lo que ya se va a dañar, haciendo ver como que somos magnánimos o buenos?
De que nos vale conocer sobre el amor de Dios hacia sus creaturas si con nuestro mal humor y mala actitud ponemos en tensión a nuestro ámbito familiar y nuestro entorno?
De que nos vale saber que Dios envió su propio Hijo a sufrir en la tierra para que nuestros pecados fuesen perdonados y ni siquiera somos capaces de perdonarnos nosotros mismos, mucho menos perdonar a las demás personas?



¿A quién pretendemos engañar?  ¡Si Dios todo lo ve y todo lo sabe!
Dejemos de ser hipócritas cual fariseos y seamos auténticos y sinceros con nosotros mismos...
Dejemos de ser prepotentes, soberbios, altivos y seamos humildes y mansos de  corazón...
Lo que aprendamos de las Sagradas Escrituras hagámoslo parte de nuestro espíritu y sólo demostrémoslo con obras y no con palabras, porque las palabras se las lleva el viento y las obras permanecen...
No permitamos espacio en nuestro corazón al pesar o al rencor, pues limita el lugar para el amor!
© Hernán A. Núñez