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lunes, 19 de mayo de 2014

El Padre Nuestro, Dios y Tu


: Padre nuestro que estás en los cielos
Dios: Si, dime... aquí estoy.
: Por favor no me interrumpas, estoy orando…
Dios: Pero... ¡tú me llamaste!
: ¿Yo te llamé? No he llamado a nadie. Sólo estoy orando… “Padre Nuestro que estás en los cielos…”
Dios: ¡Ah! Eres tú nuevamente.
: ¿Cómo?
Dios: ¡Me llamaste! Tú dijiste: Padre Nuestro que estás en los cielos. Estoy aquí. ¿En qué te puedo ayudar?
: Pero no quise decir eso, solo rezaba. Rezo el Padre Nuestro todos los días. Me siento bien orando así, es como un deber y no estoy tranquilo hasta haberlo cumplido.
Dios: Pero, ¿cómo puedes decir “Padre Nuestro” sin pensar que todos son tus hermanos? ¿Cómo puedes decir “que estás en los cielos”, si no sabes que el cielo es paz, que el cielo es amor a todos...?
: Es que... realmente no había pensado en eso.
Dios: Está bien... prosigue tu oración.
: “Santificado sea tu nombre…”
Dios: ¡Espera ahí! ¿Qué quieres decir con eso?
: Quiero decir... quiero decir... lo que significa. ¿Cómo lo voy a saber? ¡Es parte de la oración, nada más!
Dios: Santificado significa: digno de respeto, Santo, Sagrado.
: Ahora entendí. Antes nunca había pensado en el sentido de la palabra SANTIFICADO. “Venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo…”
Dios: ¿Estás hablando en serio?
: ¡Claro! ¿Por qué no iba a hacerlo?
Dios: ¿Y qué haces tú para que eso que acabas de decir suceda?
: ¿Cómo qué hago? ¡Nada! Es parte de la oración. Hablando de eso, sería bueno que el Señor tuviera un control de todo lo que aconteciese en el cielo y también en la tierra.
Dios: ¿Tengo control sobre ti?
: ¡Bueno... yo voy a la Iglesia!
El oficial de policía Lawrence DePrimo le regala
un par de botas nuevas a un indigente descalzo 
Dios: ¡Eso no fue lo que te pregunté! ¿Qué tal tratas a tus hermanos? ¿En qué gastas tu dinero? ¿Cuánta vida desperdicias en banalidades? ¿Cuánto te brindas a tu prójimo? ¿Qué tiempo me dedicas a Mí?
: ¡Por favor Señor, para de criticarme!
Dios: Pensé que estabas pidiendo que se haga mi voluntad. Si eso fuera a acontecer, ¿qué hacer con aquellos que rezan y aceptan mi voluntad, el frío, el calor, la lluvia, la naturaleza, la comunidad?
: Es cierto, tienes razón. Nunca acepto tu voluntad, pues reclamo de todo. Si mandas lluvia pido sol, si mandas sol me quejo del calor. Si mandas frío, reclamo lo opuesto. Pido salud, pero no cuido de ella...
Dios: Es bueno que entiendas muy bien todo eso. Vamos a trabajar juntos tú y yo, vamos a tener victorias y derrotas. ¡Me está gustando mucho tu nueva actitud!
: Oye Señor, preciso terminar ahora, pues la oración está demorando mucho más de lo acostumbrado. Sigo... “el pan nuestro de cada día dánoslo hoy...”



Dios: ¿Me estás pidiendo pan material? “No sólo de pan vive el hombre, sino también de mi Palabra”. Cuando me pidas el pan, acuérdate de aquellos que no lo tienen. Por favor, continúa con tu oración...

: “Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden...”
Dios: ¿Y tu hermano despreciado?
: Cónchale, Señor: él me criticó muchas veces y no era verdad lo que decía. Ahora no consigo perdonarlo, necesito vengarme.
Dios: ¿Y tu oración? ¿Qué quieres decir con tu oración? Tú me llamaste y estoy aquí para que salgas transformado. Me gusta tu honestidad, pero es bueno que no cargues con el peso de esa ira. ¿Me entiendes?
: Creo que me sentiría mejor si me vengara.
Dios: ¡No! Te vas a sentir peor. La venganza no es buena como parece. Piensa en la tristeza que me causarías, piensa en tu tristeza ahora. ¡Yo puedo cambiar todo para ti, basta que tú lo quieras...!
: ¿Puedes? Pero... ¿cómo?

Dios: Perdona a tu hermano, y te perdonaré a ti y te aliviaré...
: Señor, no puedo perdonarlo!
Dios: ¡Entonces no me pidas perdón!
: ¡Estás en lo cierto! Es verdad, quería vengarme, pero ahora deseo la paz. ¡Okey, está bien, perdono a todos, pero ayúdame, Señor! ¡Muéstrame el camino a seguir...!
Dios: Esto que pides es maravilloso. Estoy muy feliz contigo. ¿Y tú, cómo te estás sintiendo...?
: ¡Bien, muy bien! A decir verdad, nunca me había sentido así. ¡Es muy bueno hablar con Dios...!
Dios: Ahora terminemos la oración. Prosigue...
: “No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal...”
Dios: Excelente, voy a hacer justamente eso, pero debes evitar las situaciones donde puedas ser tentado.
: ¿Y ahora, qué quieres decir con eso?
Dios: Deja de andar en compañía de personas que te llevan a participar de cosas sucias. Abandona la maldad y el odio. Limpia tu mente con Mi Palabra y ¡no uses eso como una salida de emergencia!
: ¡No comprendo!

Dios: ¡Claro que entiendes! Has hecho eso conmigo varias veces. Vas por el camino equivocado y luego, en la tribulación, corres a pedirme socorro.
: Es verdad Señor, tengo mucha vergüenza. ¡Perdóname, Padre!
Dios: ¡Claro que te perdono! Siempre perdono a quien está dispuesto a perdonar a los demás pero por sobre todo a perdonarse a sí mismo; cuando me vuelvas a llamar acuérdate de nuestra conversación, medita cada palabra que dices. Termina tu oración.
: ¿Terminar? ¡Ah sí! “AMÉN”
Dios: ¿Y qué quiere decir “Amén”?
: No lo sé, es el final de la oración.
Dios: Debes decir AMÉN cuando aceptas todo lo que quiero, cuando concuerdas con mi voluntad, cuando sigues mis mandamientos, porque AMÉN quiere decir “ASÍ SEA”...
: Señor: ¡gracias por enseñarme realmente el significado de esta oración! y ¡gracias por ayudarme a entenderla...!
Dios: Yo amo a todos mis hijos, pero amo más a aquellos que quieren salir del error, a aquellos que quieren ser libres del pecado. ¡Te bendigo y permanece en mi paz!

: ¡Gracias, Señor! ¡Estoy muy feliz de saber que eres mi amigo!

Dios: No te quepa duda de ello… ¡Yo siempre seré tu mejor amigo!