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sábado, 25 de enero de 2014

La Aventura de los Sentimientos


En una isla, en una oportunidad, vivían todos los sentimientos: La Alegría, la Tristeza y muchos más, incluyendo el Amor. Un buen día, comenzaron a sentir extraños temblores y rápidamente se dieron cuenta que la isla estaba por hundirse.


Avisaron a La Solidaridad y fue con su barco a recogerlos a la costa, al avistarlo, todos los sentimientos se apresuraron a subir a bordo. El Amor, como siempre amable e ingenuo, ayudó a los demás a subir antes que él y cuando él intentó subir, intempestivamente la nave arrancó, porque creían que todos habían abordado.


Después pasó cerca otra embarcación con la Riqueza al mando y el Amor comenzó a pedir ayuda, gritando: -¡Riqueza llévame contigo!- “No puedo, hay mucho oro y plata en mi barco, no tengo espacio para ti”, le contestó.


Luego, otro barco sumamente lujoso pasó, con la Vanidad de capitán y el Amor también le pidió ayuda: -¡Por favor ayúdame!- La vanidad le dijo: “No te puedo llevar, tú estás todo sucio y mojado, vas a arruinar mi barco nuevo”.




Así paso una barcaza, donde iba la Tristeza y el Amor le clamó: -Tristeza ¿me dejas ir contigo?- Esta le respondió en un tono melancólico: “¡Ay! Amor, estoy tan triste que prefiero viajar sola”.




También paso la Alegría en un peñero, pero ella estaba tan contenta y alborozada, que ni siquiera escuchó al Amor gritar pidiendo auxilio.



El Amor pedía ayuda, gritaba y nadie lo escuchaba… Comenzó a llorar, hasta que pasó “el Tiempo” y lo salvó. A bordo el anciano lo consolaba con una voz meticulosa y a la vez pausada; el Amor, algo atolondrado, le agradeció muy efusivamente antes de bajar a tierra firme.


Cuando en el primer barco, donde Solidaridad era el capitán, se dieron cuenta que el Amor no estaba (porque las relaciones entre los tripulantes eran tirantes),  se devolvió a buscarlo, pero era tarde, ya no estaba… ¡¡¡El tiempo se lo había llevado!!!



Ya a salvo, en otro lugar, El Amor pregunto al Saber, que se presentó a recibirlo: -Querido maestro, ¿quién era el noble viejecito que me trajo aquí y ni siquiera tuve el acierto de preguntar su nombre, por distraerme escuchando sus sabias palabras?-


El sabio caballero le respondió: “Ese insigne anciano era el Tiempo, que inexorablemente pasa, a veces más tarde que temprano, pero a todos auxilia; yo mismo, no sería lo que soy sin su apoyo. A ti te socorrió porque sólo el Tiempo es el único capaz de entender y ayudar a un gran Amor como tú”…


Autor desconocido
(Editado por mi)