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sábado, 14 de septiembre de 2013

Cicatrices del alma


En un día caluroso de verano, en el sur de la Florida, un niño decidió ir a nadar en una laguna que había detrás de su casa. Salió corriendo por la puerta trasera, se tiró en el agua y nadaba feliz.

Su mamá, desde la casa lo miraba tranquila por la ventana, y de pronto, vio con sorpresa y horror lo que estaba por suceder, un feroz caimán se acercaba sigilosamente al niño. Enseguida corrió desaforadamente hacia su hijo, gritándole lo más fuerte que podía.


Oyéndole el niño se alarmó y miró a su mamá, mientras seguía nadando. Pero fue demasiado tarde. Desde el muelle la mamá agarró fuertemente al niño por los brazos.


Justo cuando un caimán agarraba las piernas entre sus fauces. La mujer jalaba determinada, con toda la fuerza de su corazón. El reptil era muy fuerte, pero la mamá era mucho más apasionada y su amor no la abandonaba.

Un señor que escuchó los gritos se apresuró a llegar al lugar con un arma y mató al cocodrilo. El niño sobrevivió y, aunque sus piernas sufrieron muchas laceraciones por la mordida del saurio, aún pudo llegar a caminar.

Cuando salió del trauma, un periodista le preguntó al niño si le quería enseñar las cicatrices de sus piernas. El niño levanto la cobija y se las mostró. Pero entonces, con gran orgullo se remango las mangas y dijo:




"Pero las que usted debe de ver son estas"… Eran las marcas de las uñas de su mamá que me habían presionado con mucha fuerza. "Las tengo porque mi mamá no me soltó y eso me salvó la vida".


Moraleja: Nosotros también tenemos cicatrices de un pasado doloroso. Algunas son causadas por nuestros pecados, pero otras son las huellas de Dios, que nos ha sostenido con fuerza para que no caigamos en las garras del mal.


A ti querido lector, Dios te bendiga siempre, y recuerda, que si te ha dolido alguna vez el alma, es porque Dios, te ha agarrado muy fuerte para evitarte el peligro mayor.