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martes, 17 de septiembre de 2013

El árbol de manzanas


Hace mucho tiempo existía un enorme árbol de manzanas. Un pequeño niño lo amaba mucho y todos los días jugaba alrededor de él. Trepaba al árbol hasta el tope y él le daba sombra. Él amaba al árbol y el árbol amaba al niño.


Pasó el tiempo y el pequeño niño creció y el nunca más volvió a jugar alrededor del enorme árbol. Un día el muchacho regresó al árbol y escuchó que el árbol le dijo triste: “¿Vienes a jugar conmigo?” pero el muchacho contestó: -Ya no soy el niño de antes, que jugaba alrededor de enormes árboles­­-.


-Lo que ahora quiero son juguetes y necesito dinero para comprarlos-. “Lo siento”, dijo el árbol, “pero no tengo dinero... Te sugiero que tomes todas mis manzanas y las vendas. De esta manera tú obtendrás el dinero para tus juguetes”. El muchacho se sintió muy feliz. Tomó todas las manzanas y obtuvo el dinero y el árbol volvió a ser feliz. Pero el muchacho nunca volvió después de obtener el dinero y el árbol volvió a estar triste.



Tiempo después, el muchacho regresó y el árbol se puso feliz y le preguntó: “¿Vienes a jugar conmigo?”… -No tengo tiempo para jugar. Debo trabajar para mi familia. Necesito una casa para compartir con mi esposa e hijos- dijo el joven. -¿Puedes ayudarme?-...  “Lo siento, pero no tengo una casa, pero... tú puedes cortar mis ramas y construir tu casa”.


El joven cortó todas las ramas del árbol y esto hizo feliz nuevamente al árbol, pero el joven nunca más volvió desde esa vez y el árbol volvió a estar triste y solitario. Cierto día de un cálido verano, el hombre regresó y el árbol estaba encantado. “¿Vienes a jugar conmigo?” le preguntó el árbol. El hombre contestó -Estoy triste y volviéndome viejo. Quiero un bote para navegar y descansar. ¿Puedes darme uno?- El árbol contestó: “Usa mi tronco para que puedas construir uno y así puedes navegar y ser feliz”.



El hombre cortó el tronco y construyó su bote. Luego se fue a navegar por un largo tiempo. Finalmente regresó después de muchos años y el árbol le dijo: “Lo siento mucho, pero ya no tengo nada que darte, ni siquiera manzanas. El hombre replicó: -No tengo dientes para morder, ni fuerza para escalar... Ya estoy viejo-. Entonces el árbol, con lágrimas en sus ojos, le dijo. “Realmente no puedo darte nada... la única cosa que me queda son mis raíces muertas”. Y el hombre contestó: -Yo no necesito mucho ahora, sólo un lugar para descansar. Estoy tan cansado después de tantos años-.


“Bueno,... las viejas raíces de un árbol, son el mejor lugar para recostarse y descansar. Ven siéntate conmigo y descansa”. El hombre se sentó junto al árbol y éste, feliz y contento, sonrió con lágrimas.