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sábado, 19 de octubre de 2013

La locura del abuelo



“¡No vayas a la casa de ese viejo porque está loco!” le decía la gente a mi nieto…

“¡Siempre anda alegre, despeinado, inventando, sin pararle bolas a la vida, no cesa de leer o cantar!”


El niño me preguntaba, -¿por qué la gente dice que eres loco, abuelo?-
«Porque canto todo el día en una sociedad de amargados, que matan, que asaltan, que sufren, que lloran, que culpan a sus iguales del malestar causado por los comerciantes,  políticos y gobernantes...


Mucha gente pasa su vida intentando ser normal y jamás descubrirán lo extraordinarios que pueden llegar a ser, nunca preguntan nada para no pasar por tontos, ¡ja! Temen equivocarse, viven pendiente del estereotipo, del que dirán, se deshumanizan, se alienan, se tornan de plástico.


No quiero estar en el mundo de los normales que quieren ser más avispaos que los demás, que estafan desde los bancos, que mienten y roban con falsas religiones, que cometen todo tipo de desmanes contra su prójimo amparados en el poder, que coartan libertades y asesinan en nombre de la patria...


Es mejor ser un loco como fue Moisés, como Juan el Bautista, como Bolívar, como Gandhi, como Martin Luther King, que eran diferentes a la mayoría, aquella gente que elige ineptos para que los gobierne y se tragan sus mentiras, peor aún, las alcahuetean a sabiendas que va contra su condición social y de sus hermanos.


Es posible que la misma sociedad te execre o que en ello te vaya la vida, no lo niego, como le ha sucedido a grandes hombres…, pero habrás vivido con la satisfacción de haber obrado por propia conciencia, con responsabilidad y con la dicha que te dejará el haber vivido con dignidad, y eso no lo puede pagar todo el oro del mundo».


© Hernán Antonio Núñez