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viernes, 25 de octubre de 2013

Memoria

El amor no busca su propio interés


Un hombre de entrada edad fue a una clínica para hacerse curar una herida en la mano. Tenía bastante prisa, y mientras lo curaba el médico le preguntó qué era eso tan urgente que tenía que hacer.
El anciano le dijo que tenía que ir a una residencia de ancianos para desayunar con su mujer, que vivía allí. Llevaba algún tiempo en ese lugar y tenía el mal de Alzheimer muy avanzado.

Mientras le terminaban de vendar la herida, el doctor le preguntó si ella se alarmaría en caso de que él llegara tarde esa mañana.


-No- respondió el abuelo. -Ella ya no sabe quién soy yo. Hace ya casi cinco años que no me reconoce-.

“Entonces” preguntó el médico, “si ya no sabe quién es usted, ¿por qué esa necesidad de estar con ella todas las mañanas?”

El anciano sonrió y dijo: -Ella no sabe quién soy yo, ¡pero yo,  todavía, si sé muy bien quién es ella!-

Al galeno  se le hizo un nudo en la garganta y tuvo que contener las lágrimas, mientras el viejecito se iba, se quedó pensando: "Ésa es la clase de cariño que quiero en mi vida: el verdadero amor, que no se reduce a lo físico o lo romántico". 

El verdadero amor es la aceptación de todo lo que el otro verdaderamente es, de lo que ha sido, de lo que será y de lo que ya nunca podrá ser...