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martes, 1 de octubre de 2013

Cargando el Pasado


Dos religiosos iban caminando por el campo y al acercarse a un río, se encontraron con una mujer, que quería cruzar al otro lado, pero que no sabía como hacerlo, ya que no había ningún puente.


El primer fraile se ofreció amablemente: -Si quieres podemos llevarla en brazos hasta el otro lado del río- y ella aceptó agradecida su ayuda. Así que los dos hombres entrelazaron sus manos, la subieron y la llevaron hasta el otro lado del río, tal como le habían dicho.

Después de seguir sus caminos, uno de los ellos de pronto se quejó amargamente, “¡mira mi ropa!”, dijo. “Está toda sucia de barro por haber cruzado a esa mujer, la espalda me duele y me siento muy cansado”.


El otro monje simplemente sonrió y asintió con su cabeza. Más adelante, su compañero se quejó nuevamente, “ya no puedo seguir adelante, me duele todo, todavía siento el esfuerzo”, dijo.

El primer monje miró a su compañero, que ya estaba en el suelo quejándose y le dijo: -¿Te has preguntado por qué yo no estoy quejándome? La espalda te duele, porque todavía estás cargando a la mujer en tus brazos, pero yo la bajé apenas cruzamos el río-.

 ‘Así es como solemos nosotros llevar las cargas del pasado sobre nuestros hombros, ponemos una caja llena, de odios, frustraciones, resentimientos, envidias, celos, y muchísimas cosas más, que con el pasar de los años, se hace cada vez más pesada, hasta que un día, como el hombre de la historia, nos duele hasta el alma por el tremendo esfuerzo’
  

Jesús te dice: “Ustedes viven siempre angustiados; siempre preocupados. Vengan a mí, y yo los haré descansar” Mateo: 11:28