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domingo, 6 de abril de 2014

Familia y política


Generalmente a nuestra familia nuclear: padre, madre, hijos, hermanos, inclusive todos los que llevan nuestra sangre: abuelos, tíos, primos etc, nos unen lazos de amor, solidaridad, hermandad, que son muy fuertes; allí se cuelan los amigos de la familia, la familia política, etc., y así debe ser, esa es la muestra elemental de la sociedad y nos permite vivir de manera agradable todos juntos.






Pero sabemos que todo no es dicha y armonía dentro de la familia, a veces por falta de criterio propio permitimos que personas ajenas, chismosos de oficio, entrépitos, gente amargada, con problemas personales, logran enfrentar a los miembros de nuestra unidad familiar, ellos, en muchas ocasiones, buscan extender su malestar al entorno para aminorar su carga psicológica (según creen ellos), o sencillamente somos imperfectos por ser humanos, aunque seamos hijos de Dios.





Ese tipo de gente viperina es capaz de dividir familias y hasta destruirlas con murmuraciones malsanas, críticas que no conllevan a ninguna solución de la situación, la cual muchas veces es infundada; así es, a veces no hay ningún problema real y son sólo malos entendidos, lo cual ni siquiera le importan a esos profesionales del chisme, en ocasiones llevados por envidias o abyectos intereses.




Ahora bien, retomemos la idea de la familia inicial, nuestra familia se va extendiendo en el barrio, de hecho, los lugares donde las familias tienen mucho tiempo conviviendo tienden a emparentarse y a reproducirse y así podemos ver que muchos niños tienen ascendientes de varias familias del sector donde viven y así, de una manera u otra, la familia va trascendiendo a nuestra sociedad y al propio país.




Nuestro gentilicio entonces va adquiriendo unas características particulares, por ejemplo decimos que somos solidarios, buenos anfitriones, de muy buen humor, dicharacheros, fiesteros, trabajadores y muchos otros adjetivos que ayudan a describirnos; esto se ha ido logrando gracias al sentido de pertenencia por nuestros hermanos: los venezolanos.




Nuestra familia nacional es dueña de una vasta fortuna, a nosotros nos fue legado un cochino tesoro: negro, oleaginoso, pegajoso, el cual es una gran fuente de energía muy codiciada por muchas naciones, es el Petróleo; también tenemos formidables reservas gasíferas, excelentes tierras para el cultivo, además a nuestro territorio lo cruza el río más caudaloso del mundo.




Tenemos gran cantidad de agua dulce en lagos y ríos, minerales preciosos y de todo tipo, nuestras costas caribeñas son de una enorme extensión, en las que hay playas bellísimas y tenemos cualquier cantidad y variedad vegetal y animal, tenemos selvas húmedas, llanuras, campos, médanos, páramos y hasta picos nevados, además disfrutamos un clima tropical muy agradable gracias a nuestra posición geográfica.





Ahora entendemos este concepto ampliado de "familia nacional" ¡Venezuela! donde todos llevamos un apellido común: “venezolanos”, que nos distingue y es motivo de orgullo para todos los que nacimos, nos criamos y aun vivimos en esta familia, cuyo asentamiento queda al norte de la América del Sur; ...todo esto me plantea una pregunta: ¿Será que esta rica familia que conformamos en nuestra nación, podrá tener enemigos y detractores como las familias iniciales de las que le hable al principio?





Y justamente por esa gran herencia que nos ha sido legada por el Creador es que muchas naciones y potencias extranjeras quieren meterle mano a nuestras riquezas para beneficiarse y hace que la respuesta a esa interrogante invariablemente será “SI”.

Si, claro que si tenemos enemigos, quizá no en los pueblos como tal pero si en algunos mandatarios y toda suerte de colaboradores, traficantes y comerciantes de muy bajos sentimientos y gran verborrea, seres ambiciosos que no se cansan de amasar caudales de dinero, pese a que ello le acarrea desgracias a sus congéneres, lo cual le permitirá mayor poder y envanecer su ego para tapar su vacío espiritual.




Aquellos vecinos y/o personas que reconocíamos en nuestra juventud como seres envidiosos, quienes con artera saña sembraban odio y mentiras a su alrededor, muchos de ellos con severos problemas psicológicos, bipolares, de una gran logorrea, con una baja autoestima y una necesitad extrema de hacerse notar, que tratan de tapar haciéndose centro de atención y así ahogar esa deficiencia interna y ese desacuerdo con ellos mismos, ¿los recuerdan?




Bueno, justamente esa gente que ya les describí antes, fueron trepando y hoy día tienen puestos altos en la conducción y administración de naciones, se hacen políticos, camaleones de oficio, hacen cualquier cosa que les pueda reportar beneficios personales, olvidándose hasta de su familia, lo único que tienen en mente es su propia persona, pierden la perspectiva social, llegan a tener puestos de muy alta responsabilidad, se hacen secretarios de organismos internacionales, ministros, embajadores, etc.






Hay los que han sido y, peor aun, son presidentes que traicionan a no sólo a su propia familia, sino tambien al pueblo que los escogió, a toda una nación, a quienes engañan con la mentira sistemática introducida por todo tipo de medio comunicacional, de los cuales se adueñan también, silenciando a los que opinen diferente porque además son dueños de todos los poderes del Estado al cual dirigen y les da capacidad de hacer casi todo lo que quieren.




Estos dirigentes son fácilmente manejados (cual títeres) por otros seres más perversos todavía, quienes conocen su debilidad de ser adulados, momias con mayor poder hipnótico, muchas veces, supongo, ayudados por fuerzas oscuras que los guían, a estos otros mandatarios rapaces le entregan lo rapiñado en su propio hogar a costa de una buena tajada, tal como hacen los adictos a la droga que roban hasta su propia casa para satisfacer el vicio que ineludiblemente los sumergirá en un vacío aun mayor.







Personas desnaturalizadas que no les importa lo que pase en su propia familia, ni que necesidades tengan, que no buscan un acercamiento o dialogo cuando hay un desacuerdo y como padres autoritarios reprimen sin escuchar a sus hijos, muchas veces con castigo y golpes y se hacen obedecer solo por temor. Pueden llegar hasta el crimen cuando uno de sus correligionarios está en desacuerdo o quiere cobrar su "derecho a vista".






Estos individuos nunca conseguirán respeto y afecto de los suyos, excepto por aquellos de personalidad patológicamente similar, personas serviles, quienes ganarán los favores de su jefe transformándose en sus más fieles colaboradores y no reprobarles jamás su mala conducta o desvaríos.





El padre que cría a sus hijos
con valores, cariño y comprensión,
está formando buenos ciudadanos
a la sociedad y la nación.

Los valores con que nos formemos en nuestra familia básica irán marcando nuestro camino y desempeño en la vida, por ello debemos poner especial atención como queremos que sea nuestro país... Va a ir dependiendo de todos y cada uno de nosotros en la formación de nuestros hogares, en utilizar valores cristianos en la educación de nuestros hijos y de ser honestos, justos, ponderados, solidarios y especialmente humildes con los que queremos, ya que la mejor enseñanza es el propio ejemplo de vida.




Cualquier similitud de este pequeño escrito con la situación de Venezuela o cualquier país NO es una mera casualidad... Este análisis es muy particular y subjetivo, pero enfocado con una mirada sociológica de acuerdo al momento en que vivimos. Mil gracias por su atención a mi humilde ensayo comparativo de la familia y la política. Espero que les haga reflexionar sobre su propia familia en forma mini y macro.


©  Hernán Antonio Núñez