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jueves, 10 de abril de 2014

La Palabra Desnuda


Dedicado a todos los muertos, heridos, presos, torturados, desnudados. Para todos aquellos que siguen en pie de lucha, cuyas armas son las palabras, la organización, la protesta pacífica, activa y contundente, para la transformación de las estructuras sociales, con una opción preferencial por los más pobres.

Cuando se tiene coraje
la denigrante desnudez
los viste de dignidad”
 Hildegart Acosta

Palabra y piel navegan juntas en el Caroní de la existencia.
Palabra desnuda, olor a páramo y desierto. Guayaba a ritmo de maíz pilao. Tejida con moriche y caña. Entreverada de cenizas y garabatos. Embadurnada de estrellas y asfalto, vinagre y barro, cuaderno y grafito, chamusca huracanes y rinocerontes.
Orgullosa se planta en los barrios, en las esquinas, en el deseo autopista, como una infinita orquesta de orquídeas y amapolas, frente a la cobardía estéril de una muralla hedionda de vergüenza. Su merengue corroe las entrañas de los “bárbaros Atilas” con el sonido rebelde del Catatumbo, Orinoco infinito, ensordecedor de metáforas eternas. 
El cuerpo desnudo es una palabra sin ataduras ni ropajes. Su piel arcoíris es un pastel chocolate, en una hora asfixiada por nubes ácidas y redoblante. No le teme al redil, ni a los barrotes, porque no hay represa que contenga su sonrisa. No muere en pocilga, ni usa huella dactilar pa’ la comida. Ella baila sudada de esquina a esquina, no se arrincona, no tiene centro, no tiene opuesto. Es viento y mar, Peter Pan y Quijote. 
Ella se afirma en su despliegue. Hace el amor en el sur, en el oeste, en el norte o en el este, porque es traviesa y no tiene residencia. Se abrazó al pastor de nubes y bailó en medio de los móviles de Calder. Emprendió su vuelo. Petare, Catia, Rubio, Yaritagua y Timotes. 
La palabra, desnuda, ha salido de su casa. Del rancho del aula de la urna del atril de la camilla. Dicen que anda por allí, amalgamando sueños en cada susurro, en cada beso, en cada grito huérfano, en cada lágrima, rígida de sangre. Madre y padre que no fueron, porque la bota purulenta, verde oliva, se encargó de silenciar, con la cínica mirada del cancerbero. 
La palabra desnuda interpela y conmueve al poderoso porque  es áspera, dura y atraganta. Por eso no teme sentarse en la mesa del opresor, porque sólo su presencia le quebranta la voz de su miseria. 
La palabra desnuda, sin pudor, habla cara a cara, no le importa que ellos se arropen con idiomas extranjeros, portugués o mandarín, o venga en caravana con imperios y leyendas. No le importa que crucen manos  y abrazos con súbditos y príncipes, hediondos a pólvora y napalm. No le importa que los invite a su foro, cual Nerón en decadencia.
A ella no le importa cómo se presentan, porque se multiplica como una inmensa bola de nieve dibujada por espejos. Voz torrencial, elegancia altiva de su sencillez, para interpelar a la llaga putrefacta que intentó, inútilmente, doblegar a un pueblo, a su cuerpo, con fusil y bayoneta, con cicuta y estiércol. 
La palabra desnuda es orfeón, coral, violines y trompetas. Quitiplás  y tumbadoras. Un vendaval inmenso como un tsunami de cuerpos, que dibujan horizontes, universos, un inmenso reflejo. Llamado dignidad. 
Jonatan Alzuru Aponte
@jonatanalzuru67
Lunes 7 de abril de 2014.

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