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sábado, 12 de abril de 2014

¡Que riñones!




Esta anécdota la protagonizó un hombre muy polifacético, el excelente humorista, periodista, político, senador y sobre todo, gran humanista brasileño, Apparicio Torelly Aporelly, más conocido en su patria como: El Barón de Itararé, fallecido hace ya más de cuatro décadas (1895 - 1971)…



En una oportunidad, cuando estaba joven, este Barón de Itararé, cometió el error de estudiar medicina para complacer a su familia. Pero esos estudios terminaron cuando ocurrió la historia que a continuación les relato, la cual refieren como algo absolutamente cierto…





En la facultad de Medicina, un profesor muy arrogante se dirige a un estudiante y le pregunta: “Torelly, ¿Cuántos riñones tenemos?”

-¡Cuatro!-, responde prontamente el alumno.


 
“¿Cuatro?”, replica displicente el catedrático, de esos que sienten placer en pisotear los errores de los alumnos. Y dirigiéndose a su auxiliar le ordena “Traiga un fardo de pasto, pues tenemos un burro en la sala de clases”.




-¡Y para mí un cafecito, si no es molestia!-, replicó el alumno al ayudante del maestro.


El educador se enojó y expulsó al alumno del aula y para siempre.


Antes de salir del salón, siempre con una sonrisa en su boca, el joven se voltea y en voz alta, le dice al furibundo profesor: -Usted me preguntó ¿cuántos riñones tenemos? y justamente “tenemos” es la primera persona plural del verbo tener. Por consiguiente nosotros ‘tenemos’ cuatro riñones: Los dos suyos y los dos míos.




¡Hasta luego! y que le aproveche el forraje "profesor"-.





Aunque el barón de Itararé se dio cuenta a tiempo que la medicina no era para él, se fue dejando en claro que para triunfar en la vida no basta con ser experto en un tema, también hay que saber expresarse correctamente.




La vida exige mucho más comprensión que conocimiento. A veces, las personas, por tener un poco más de conocimiento o 'creer' que lo poseen, se sienten con derecho de subestimar a los demás, demostrando así cuan poco conocimiento poseen de la vida...



Es necesario escoger entre la soberbia y la humildad al comunicarnos con los demás, estén en la posición que sea. Generalmente escogemos erróneamente la soberbia y la vanidad mostrando nuestra verdadera dimensión cultural…