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sábado, 13 de julio de 2013

El traje blanco



Un buen día Héctor fue invitado a una gran cena de gala, la única condición es que debía ir vestido todo de blanco. Como no era de muchos billetes fue y alquiló un bellísimo y relumbrante traje blanco, a su modo de ver el más bonito de todos.




Llegó el ansiado día y el joven iba por la acera, muy orgulloso vestido impecablemente de blanco, rumbo al lugar donde se daría la reunión para la gran cena; ese día había llovido y la calle estaba mojada, con charcos por doquier, de repente, un carro pasó velozmente y sin darle tiempo a esquivarse lo bañó de agua sucia y lodo.


Al momento, su actitud era de rabia y desesperación, intentó limpiarlo el mismo, pero no lo logró, por el contrario, lo que hacía era regar más el sucio, hasta que, poco a poco, logró serenarse y pensar con tranquilidad.


Ya calmado se acordó de una tintorería express que quedaba en la cuadra y acto seguido allí se dirigió; el encargado le prestó el baño mientras le lavaban el traje, el cual quedó blanco y resplandeciente, se lo puso de nuevo y así llegó a la gran cena de blanco en la cual disfrutó deliciosos platillos y manjares.


La Biblia dice: “Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas de la ciudad”.
Apocalipsis 22, 14


El pecado es como el fango que ensució el traje de Héctor, y que se encuentra en el corazón de cada uno de aquellos que aun no han dado cuenta ante Dios.


“Venid luego, dice Jahvé, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana”.
 Isaías 1, 18


Cuando aceptamos a Jesús como nuestro salvador, nuestra vestidura viene a ser como el traje blanco de Héctor, nuestro corazón es limpio y sin mancha delante de Dios y en ese momento nuestro nombre es anotado en el Libro de la Vida.


El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del Libro de la Vida”.
Apocalipsis 3, 5


Estimado  amigo, tú que me lees, acepta a Jesucristo como tu Señor y Salvador para que puedas trajearte de vestiduras blancas y participar de la Gran Cena de Dios.


“Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.”
1ra de Juan 1, 9


Repite esta oración: Señor Jesús, en este momento te pido que perdones mis pecados y me limpies de toda maldad, hoy te acepto como Señor y Salvador de mi vida, anota mi nombre en tu Libro de la Vida y quiero que vengas a morar en mi corazón a través de tu Espíritu Santo, amén”.


…Venid, y congregaos a la Gran Cena de Dios”.
Apocalipsis 19, 17

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