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jueves, 25 de julio de 2013

Médico famoso



En la clínica de un famoso cardiólogo, entra la secretaria al consultorio y le anuncia al galeno que un anciano, muy pobre, deseaba consultarle, que venía recomendado por un médico del hospital público. El doctor le dice que hablará con él luego que haya atendido a todos los pacientes con cita médica.


Después de dos horas, por fin, el médico recibe al anciano y éste le explica la razón de su visita: -Un médico del hospital público me ha enviado con usted, porque únicamente un medico de su prestigio podría solucionar mi problema cardíaco y en su clínica poseen equipos suficientes como para llevar a cabo esta operación-. Le dijo el viejo.


El médico ve los estudios y coincide con el colega del hospital. Le pregunta al mayor con qué compañía de seguros se haría operar. Éste le contesta... -Ahí está el problema doctor, yo no tengo seguro social y tampoco dinero. Como verá, soy muy pobre y para colmo, sin familia... Lo que le pido, sé que es mucho, pero tal vez entre sus colegas y usted quizá puedan ayudarme-...


El médico no lo dejó terminar la frase. Estaba indignado con su colega del hospital público. Lo envió de regreso con una nota explicándole que su clínica era privada y de mucho prestigio, por lo tanto no podía acceder a su pedido. El había estudiado y trabajado duramente todos esos años para abrir su clínica y ganar el prestigio y los bienes que poseía.


Cuando el anciano se retiró, el médico se percató de que al noble hombre había olvidado una carpeta con unas poesías y una frase suelta que le llamó poderosamente la atención. La frase decía: -El órgano que mejor habla es el corazón- y firmaba Hermógenes Fauvert. Esta frase le gustó mucho al médico, pero lo que más le llamó la atención fue el nombre del autor de la frase, Hermógenes Fauvert.


Le hacía recordar su juventud, pues, en primaria, la maestra les leía hermosos cuentos infantiles de ese escritor. En la secundaria, la profesora de Literatura les enseñaba bellísimas poesías del mismo autor y fue con una de sus poemas que, al dedicarle a una de sus compañeras, la enamoró y ésta fue su primera novia… 'Cómo olvidar todo eso, si fue parte de lo mejor de su infancia', pensó!



A la semana siguiente, al finalizar la jornada, la secretaria entró al consultorio con el periódico vespertino y afligida le dijo al médico, “¿Se ha enterado, doctor? Hoy han encontrado muerto a 'Hermógenes Fauvert' en un banco de la plaza del Ayuntamiento, tenía 88 años el pobre”. El médico suspiró acongojado y contestó: 'Hombres como ese no deberían morir nunca... Que Dios lo tenga en la Gloria, ¡me hubiera gustado conocerlo!' 


“Pero, ¡cómo!... ¿no lo recuerda?”, le replicó su secretaria, y mostrándole la fotografía del periódico le dijo: “Era aquel pobre viejecito, referido del hospital público, que vino la semana pasada a consultarle. Era un reconocido escritor, solitario y bohemio. No tenía parientes y...” El médico no la dejó terminar. Le pidió que se retirase y sentándose con los brazos cruzados en el escritorio... lloró y lloró desconsoladamente.


Sollozó como nunca lo había hecho, como el niño que llevaba escondido en su alma. Largo tiempo estuvo en el silencio de su consultorio, avergonzado, abatido. 




Luego, mientras secaba las lágrimas de su escritorio, sacó delicadamente la imagen de Cristo que estaba debajo del cristal y después de besarla, la guardó en un cajón mientras decía 'perdóname Señor, no soy digno de Ti, no soy digno siquiera que me mires. Todo lo que tengo, a Ti te lo debo. Me enviaste a un pobre y me habló con la voz del corazón. Yo lo escuché con el oído del egoísmo.... ¡mi pena es grande!!! Perdóname Señor'.


Con el correr de los años, la 'Clínica Hermógenes Fauvert', como se llamó desde entonces, en honor del viejo poeta, se hizo muy famosa. El médico habilitó una sección para la atención de los pacientes humildes, aquellos que no tenían seguro médico y él personalmente practicaba las delicadas cirugías.



¿Cuántas veces nos habrá pasado lo mismo a nosotros? ¡Nos han hablado con la voz del corazón y no hemos oído!... ¿Cuantas veces habremos sido egoístas con nuestros hermanos?...






Recuerden la Santa Palabra, en ella se manifiesta toda nuestra fe cristiana:
«Maestro, ¿cuál es el mandamiento más importante de la Ley?» Jesús le dijo: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el gran mandamiento, el primero. Pero hay otro muy parecido: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Toda la Ley y los Profetas se fundamentan en estos dos mandamientos.»
                                       
                                                                  Mateo 22: 36 - 40