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viernes, 22 de noviembre de 2013

Cuento de vieja loca


Este es el cuento, más bien la triste ¿o alegre historia? de una vieja gruñona y déspota que trabajó en el IVSS (Instituto Venezolano de los Seguros Sociales) hace mucho tiempo. A dicha institución de salud llegaba mucha gente necesitada de atención y la mayoría de las veces iban con graves quebrantos de salud.

Aparte de su propia enfermedad, los pacientes tenían que aguantar los desmanes, groserías y malos tratos que les prodigaba la vieja bruja. Además no podían ni chistar o reclamar porque si no, los dejaba de último, o sencillamente no los atendía, ¡la vieja loca tenía la sartén agarrada por el mango!

Pasó su tiempo, como todo, y se cumplió su jubilación ¡Alabado sea el Señor!, y por extraño sortilegio, la vieja maltratadora pasó a ser una más de nosotros, ¡una común, vulgar y silvestre persona! Sin ningún poder para vejar al prójimo.

Hoy día, cada vez que voy al trabajo todas las mañanas y bajo la calle a esperar el carrito o autobús, y los fines de semana que me paro temprano a buscar el periódico, mis ojos no dan crédito a lo que ven, ¡pero allí está Cruela de Ville, en persona, de cuerpo presente!

¡Quien la conoció no lo creería!, dando más vueltas que una saranda alrededor de la cancha de basquetbol de la placita y moviendo los brazos cual molino de aspas español, con los pantalones de bartola, allí la pueden ver haciendo ejercicios caminando.

¡Sólo que ahora está completamente transformada en una dulce viejecita! Camina quete camina, pero pendiente de todo aquel que pasa y se deshace en amores, saludos y atenciones, aunque no conozca a quien saluda, pero igual saluda a Raimundo y todo el mundo que ose pasar por allí.

Busca ser muy popular y querida, aunque sea a fuerza de saludar gritando a todo aquel desprevenido transeúnte o caminante que por allí pase, pues la mayoría no la conoce o va absorto en sus propios pensamientos, que sólo por cortesía contesta con un ¡Buen día, señora!

¿Quién diría? ¡Las vueltas que da la vida! ¿Yo me pregunto que podrá haber pasado en la vida de esa señora, que ha dado ese vuelco tan grande? ¿Cómo es posible que eso haya pasado?

¡La respuesta tal vez sea el amor, si, no me queda de otra! Pues cerca de las 7 de la mañana viene su príncipe con su gorra roja y lentes oscuros y luego de un tierno y lindo beso de piquito se sientan a conversar, muy juntitos, cual dos tórtolos en un banco de la plaza. Realmente es una escena muy conmovedora de una no tan tierna pareja.

Esta es otra historia común, de un gris personaje urbano, que, gracias a Dios, termina bien.


© Hernán Antonio Núñez