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sábado, 9 de noviembre de 2013

El gallo con botas



En una granja cerca de una ciudad cualquiera, vivía un gallo muy ostentoso pero que sufría mucho (no se sabe si por tener los pies muy fríos o por otra razón) y necesitaba calzarse para poder ejercer sus funciones de despertador y atender su negocio con las gallinas del corral. Además por esta época cercana a la Navidad había mucha lluvia y grandes barriales.

Lodazales con no solo barro sino también lleno de desperdicios naturales y no naturales, por lo que decidió apartarse un poco del dinero que ganaba de su trabajo matutino y… a sus labores salió, pero un pavo errante al oído le cantó.

Tratando de ser elegante, mucho busco por toda la finca unas botas que combinara con su color rojizo amarillento, más no las encontró, así que no tuvo opción que seleccionar unas botas azul eléctrico que se consiguió debajo de una caja, pensando también así que el dueño de la granja no lo patearía al despertarlo.

-No creo que el señor granjero pateara a su mejor gallo porque después que el pavo le cantó, fue a buscar otras botas que con su color combinara, pero no las encontró- dijo el cochino que lo vio, -pero lo que nadie ha dicho aquí en la granja, es que en la tienda que visitó a la vendedora cautivó-

Y no solo cautivo a la vendedora, sino que con sus atractivas botas azul eléctrico ninguna gallinita ni pollita del corral se resistía a los piropos y galanteos de este orgulloso gallo con botas, que no solo le daban calor a sus patas...

Los otros gallos observaban con cierta inquietud al Gallo con botas y comentaban entre ellos: -¿por qué no mostrará sus espuelas? ¿qué esconderá debajo de esas extrañas botas?- Las gallinas cacareaban en secreto: -¿Cómo se sentirá con esas dos bo...tas?-

-Hay gatos con bo-tas, dijo una vieja guacharaca,- pero por lo visto dado los cambios climatológicos ahora aparece este gallo con bo-tas, que debe ser un pícaro de primera de esos que llaman mujeriegos, pero aquí (en el corral) serán gallineros.

Así era realmente el gallo con botas, un pícaro... lo creían algo especial, solo por querer ocultar algo de lo que quizás él se avergonzaba... mientras en el corral, no había gallina, vaca, cerdo, pavo e incluso hasta el perro guardián, que voltearan sorprendidos al verlo como se tongoneaba torpemente al tratar de caminar.

Y fue tanta la fama de este gallo con botas azules que sus compañeros de granja decidieron nombrarlo jefe civil del rancho ya que con solo verlo caminar con esas botas azules ejercía autoridad y cualquier depredador que quisiera entrar al ver al gallo huiría, no se sabe si por miedo a esa patotas o a su autoridad, entonces fue así como todos en la granja comenzaron a respetarlo. 

Lo que no sabían los animales y gente que veían al gallo, es que éste solo sentía miedo de usar esas botas, porque le daban cierta autoridad y él no había aprendido más que rondar y alborotar al gallinero… porque en su vida jamás había trabajado.

Sin embargo ante la creciente admiración, no le quedó más remedio que realizar su labor como era debido, no solo de las gallinas, los pollitos que veían su ejemplo, hasta los patos del corral que conocían sus atributos, las pavas, las perdices, las guacharacas, los cochinos, las vacas y ovejas.

Hasta el toro y el caballo comentaban como había mejorado la disciplina en el corral y como las aves estaban contentas, hasta las palomas revoloteaban satisfechas con su función y el gavilán (no se sabe por qué razón) no se apareció más por todo eso.

Acercándose al final de esta historia, nuestro gallo, con plumas coloradas, blancas y negras, quiso demostrar que siempre fue un gallo trabajador y para muestra dejó este montón de pollitos de todos los colores y sabores.

Y fue de tanto trabajar en la prole que por uso y abuso le salieron sendos espolones, tan pero tan feos que por eso es que usa botas y dicen por allí que el que se burle del pobre gallo le saldrán juanetes azules… y colorin colorao, con una pequeña ayuda de mis amigos, este cuento se ha terminao.

Autores: María Eugenia Quintero, Ana Blanco, Andrés Adolfo Rodríguez Torrealba, Armando José Vivas, Carmen Ordaz de Goyo, Mercedes Acosta Guevara, Emerita Mercado, Yasmín Oropeza, Norma Oriez, Carmen Tua Carrera, Lina Mercedes Torrealba Moreno y un servidor, Hernán Antonio Núñez