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martes, 12 de noviembre de 2013

No juzgues



Un hombre joven, de unos 20 y pico de años, estaba viendo a través de la ventana del autobús y de repente exclamó: -¡Papá, mira los árboles como van corriendo detrás!-. El anciano padre le sonrió dulcemente.


Una pareja que iban sentados en el asiento de atrás, miraron extrañados al joven pues pensaban que tenía una conducta infantil y murmuraron entre si que ya estaba viejo como para andar diciendo eso. De pronto, el joven gritó otra vez: -¡Papá, mira las nubes están corriendo con nosotros!-

La pareja no pudo resistirse y le dijeron al anciano: “¿Por qué no lleva a su hijo a un buen médico?”

El anciano sonrió amablemente y les dijo: «fíjense que ya lo hice, apenas estamos regresando ahora del hospital… mi hijo era ciego de nacimiento, y gracias a una intervención quirúrgica, hoy, por primera vez, puede ver la luz del sol».

La pareja de entrometidos se inmutó, sus rostros cambiaron de color, pero no podían regresar el tiempo, ya estaba hecho, la vergüenza ejercía su derecho. Hubieran querido volverse invisibles y no hallaban como tragarse lo que habían dicho, su pena moral era enorme... el resto del viaje no pronunciaron palabra alguna!!!


Cada persona en este mundo tiene una historia… pero es su propia vida, no debemos emitir juicios a priori, es necesario conocer realmente a los demás, si hemos de emitir una crítica, que ésta sea constructiva. 


Tengamos presente que el juzgar es sólo cosa de Dios, no nos toca a ninguno de nosotros, simples mortales, juzgar a nadie, mucho menos si no vamos a ayudar. ¡La verdad podría sorprendernos!