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lunes, 5 de agosto de 2013

¿Cómo es tu Fe?

¿Realmente crees que Jesús pueda salvarte?

 Elimina tus inseguridades. No tengas miedo de Dios... ¡confía en Él!



Cuentan que un alpinista, desesperado por conquistar una gran cumbre, inició su travesía después de años de preparación, pero quería la gloria para él solo, por lo que subió sin ningún compañero.


Empezó a subir y se le fue haciendo tarde, cada vez más tarde, y no se preparó para acampar, sino que decidió seguir subiendo hasta llegar a la cima. La noche cayó con gran pesadez en la altura de la montaña, no se podía ver absolutamente nada por la oscuridad total y una densa neblina.

Todo era negro, no había visibilidad alguna, no había luna y las estrellas estaban cubiertas por las nubes. Buscando un refugio, subió por un acantilado, a tan solo 100 metros de la cúspide, se resbaló y se desplomó por los aires... caía a una velocidad vertiginosa, sólo podía ver veloces manchas más oscuras que pasaban en la misma oscuridad y la terrible sensación de ser succionado por la gravedad.


Seguía cayendo... y en esos momentos tan angustiantes, le pasaron por su mente todos los placenteros y los no tan gratos momentos de su vida, era como un resumen de toda su existencia que visualizó en tan corto tiempo.

Él pensaba que iba a morir, sin embargo, de repente sintió un tirón muy fuerte que casi lo parte en dos... Sí, como todo alpinista experimentado, había clavado estacas de seguridad con candados a una larguísima soga que lo sostenía de la cintura. En esos momentos de quietud, suspendido por los aires, no le quedó más que gritar: “Ayúdame Dios mío.”

De repente una voz grave y profunda de los cielos le contestó: -¿QUE QUIERES QUE HAGA?- “Sálvame Dios mío” le respondió el montañista.

-¿REALMENTE CREES QUE TE PUEDA SALVAR?- “Por supuesto que sí, Señor”

-¡BIEN, ENTONCES CORTA LA CUERDA QUE TE SOSTIENE!- …Hubo un momento de silencio y quietud. El hombre se aferró aun más a la cuerda confiando más en su sano juicio y su experiencia!


Cuenta el equipo de rescate que el otro día encontraron al alpinista congelado, muerto, agarrado con fuerza, con las manos firmemente aferradas a una cuerda,... ¡A menos de dos metros del suelo!!!



¿Y tú..., qué tan aferrado estás de tu cuerda? ¿En quién depositas tu confianza? …¿Por qué no sueltas tu propia soga?