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lunes, 26 de agosto de 2013

Los Atletas y el Deporte

Símbolo de la Vida

1. Desde la antigüedad el atleta, el deportista, se ha tomado como un símbolo noble del ser humano.
El Discóbolo, de Mirón
Él busca superarse, alcanzar metas, triunfar. Como todo hombre o mujer.
Para ello se prepara, se disciplina, se somete a régimen en sus comidas, bebidas, horario, estilo de vida. Como ha de hacerlo cualquier hombre o mujer para lograr la realización de sus sueños.
Al atleta indisciplinado se le da por descontado como un perdedor, más tarde o más temprano..., aunque reúna las condiciones de un atleta triunfador!
2. En el deporte se unen cuerpo y alma, apoyándose mutuamente.
“Mente sana en cuerpo sano”, decía, a propósito del ejercicio físico, el poeta latino Juvenal (hacia el 60-140 d. C.).
“El deporte consiste en delegar en el cuerpo algunas de las virtudes más fuertes del espíritu: la energía, la audacia, la paciencia”, afirmaba el francés Jean Giraudoux (1882-1944).
El atleta es símbolo de un cuerpo sano y bello. Con frecuencia los médicos, sicólogos o fisiatras, mandan algún tipo de ejercicio para recuperar la salud física o mental y fomentar la autoestima.
3. Ya desde las olimpíadas griegas (776 a. de J. C.), los encuentros deportivos fomentaban las relaciones humanas, la convivencia pacífica entre los pueblos, el trabajo en equipo, la sana competencia, la superación, la recreación comunitaria, la alegría, el saber ganar y perder.
Estos valores humanos permanecen a lo largo de los siglos, en todas las latitudes y en todas las culturas: donde no se practican juegos colectivos languidecen dichos valores y los jóvenes pierden un magnífico espacio educativo. “En la mesa y en el juego se conoce al caballero”, reza un proverbio popular.
4. Ha habido una evolución en el premio, que simboliza el logro de haber alcanzado la meta.
Para los antiguos este premio era una corona. El atleta triunfador era aplaudido y coronado como un héroe. Además, como representaba a su país, su triunfo era un triunfo comunitario. Simbolizaba así, además, el valor de un pueblo. Se competía para alcanzar una corona de mirto o laurel, o una medalla o trofeo de oro, plata y bronce, y sobre todo, la corona, medalla o trofeo, expresión de la dignidad y valía del ser humano y de un pueblo. En este tipo de premiación se acentuaba “la calidad humana”. Esta concepción, de alguna manera, permaneció hasta bien entrado el siglo XX.
Hermanitos Cori del Perú,
recibieron reconocimiento en
metálico de las autoridades.
Ahora, al entrar el siglo XXI, a los mejores atletas se le premia sobre todo, con dinero. Mayor sueldo, símbolo de mejor atleta. Un deportista sentía orgullo en formar parte del equipo que representaba su patria o su ciudad. En los tiempos actuales, se cambia fácilmente al equipo que mejor pague, no importando su patria o su ciudad. También la valoración en metálico de los atletas es símbolo del valor que se da en nuestros días al dinero sobre otros valores.
5. San Pablo empleó hermosamente y con profundidad la figura del atleta y del deporte, sobre todo la carrera olímpica, en cinco de sus cartas para simbolizar la vida cristiana. Fue uno de sus símbolos preferidos.
“Ustedes saben que en una carrera todos corren, pero solamente uno recibe el premio. Pues bien, corran ustedes de tal modo que reciban el premio. Los que se preparan para competir en un deporte evitan todo lo que pueda hacerles daño. Y esto lo hacen por alcanzar como premio una corona que en seguida se marchita; en cambio, nosotros luchamos por recibir un premio que no se marchita. Yo, por mi parte, no corro a ciegas ni peleo como si estuviera dando golpes al aire. Al contrario, castigo mi cuerpo y lo obligo a obedecerme, para no quedar yo mismo descalificado después de haber enseñado a otros” (I Corintios 9, 24-27).
 “Si tienes un sueño, haz que pase”
Maickel Melamed
Es decisivo comenzar y terminar bien la carrera, el proyecto de la propia vida. No detenerse en alguna parte del camino. Decía Pablo a la comunidad cristiana de los Gálatas en Grecia: “Comenzaron bien su carrera, ¿quién les puso obstáculos para no seguir la verdad?” (Gálatas 5, 7).
Avanzar hasta llegar a la meta: “No quiero decir que ya lo haya conseguido todo, ni que sea perfecto; pero sigo adelante con la esperanza de alcanzarlo, puesto que Cristo me alcanzó primero. Hermanos, no digo que yo mismo ya lo haya alcanzado; lo que sí hago es olvidarme de lo que queda atrás y esforzarme por alcanzar lo que está adelante, para llegar a la meta y ganar el premio celestial que Dios nos llama a recibir por medio de Cristo Jesús” (Filipenses 3, 13-14).

Pablo, como buen atleta, quería llegar a la meta y se esforzaba por no correr en vano (Gálatas 2, 2 y Filipenses 2, 16). Por eso, clamaba: “corramos con fortaleza”, proponiendo a Cristo como modelo, que no se dejó vencer por los sufrimientos hasta alcanzar su meta (Hebreos 12, 1-4).
Así en el atardecer de su vida pudo escribir, como un triunfador, a su discípulo Timoteo: “Yo ya estoy a punto de ser sacrificado; ya se acerca la hora de mi muerte. He competido en la noble competición – he peleado el buen combate -, he llegado a la meta de mi carrera, me he mantenido fiel. Ahora me espera la corona merecida que el Señor, el Juez Justo, me dará en aquel día” (I Timoteo 4, 7-8).

Autor: Mons. Ramón de la Rosa y Carpio.

Arzobispo Metropolitano, Arquidiócesis de Santiago de los Caballeros, R. D.