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viernes, 16 de agosto de 2013

Padres

Boleta de calificaciones



Recuerdo que era un miércoles, a las 8:00 de la mañana, llegué puntual a la escuela de mi hijo. -No olviden venir a la reunión de mañana, es obligatoria- me dijo la maestra un día antes.

“¡Pues, qué cree esta maestra! ¿Acaso piensa que podemos disponer fácilmente del tiempo, a la hora que ella diga? Si ella supiera lo importante que era la reunión que tenía a las 8:30, en mi oficina. De ella dependía un buen negocio y... ¡tuve que cancelarla!”

Ahí estábamos todos los padres y madres, la maestra empezó puntual, agradeció nuestra presencia y empezó a hablar. Realmente no recuerdo qué dijo, mi mente divagaba pensando cómo resolver ese negocio tan importante, ya me imaginaba comprando una nueva televisión con el dinero de la comisión que recibiría.


-Juan Rodríguez- escuché a lo lejos.  -¿No está el papá de Juan Rodríguez?- dijo la maestra. “Sí aquí estoy”- contesté, aun distraído, pasando al frente a recibir la boleta de mi hijo.

Regresé a mi lugar y me dispuse a verla... -“¿Para esto vine? ¿Qué barbaridad es esta?” La boleta estaba llena de doces y catorces. Guardé las calificaciones inmediatamente, escondiéndola para que ninguna persona viera las porquerías de calificaciones que había obtenido mi hijo.

De regreso a casa aumentó más mi coraje a la vez que pensaba: “Pero, ¡si yo le doy todo! ¡A ese niño no le falta nada! ¡Ahora sí que le va a ir mal!” Llegué, entré a la casa, tiré la puerta y grité: “¡Ven acá Juan!” Juan estaba en el patio y corrió a abrazarme contento. ‘¡Papá!’

“¡Qué papá ni que nada!” Lo aparté de mí, me quité el cinturón y le di unos cuantos correazos, al mismo tiempo que le decía lo que pensaba de él. “¡Y te me vas a tu cuarto inmediatamente!!!” Le dije sin dejarlo replicar.

Juan se fue llorando, su cara estaba roja y desencajada, su boca temblaba… Mi esposa, sumisa, no dijo nada, sólo movió la cabeza en señal de desaprobación y se metió a la cocina.


Cuando me fui a acostar, ya más tranquilo, mi esposa se acercó y entregándome la boleta de calificaciones de Juan, que había dejado dentro de mi saco, me dijo: -Léelo despacio y después toma una decisión...”. Al leerla con atención, vi que decía:

“BOLETA DE CALIFICACIONES DE MI PAPÁ”
 Por el tiempo que mi papá me dedica a conversar conmigo antes de dormir: ---12
Por el tiempo que mi papá me dedica para jugar conmigo: -------------------------10
Por el tiempo que mi papá me dedica para ayudarme en mis tareas: -------------12
Por el tiempo que mi papá me dedica saliendo de paseo en familia: --------------14
Por el tiempo que mi papá me dedica contándome cuentos antes de dormir: ---10
Por el tiempo que mi papá se dedica en abrazarme y acariciarme: ----------------12
Por el tiempo que mi papá se dedica a ver la televisión conmigo: ------------------14
Por el tiempo que mi papá me dedica a escuchar mis dudas o problemas: -------12
Por el tiempo que mi papá me dedica para enseñarte cosas: ------------------------13

Calificación promedio: ------------------------------------------------------------------12,11

En esta oportunidad, los hijos habían calificado a sus papás. El hijo mío me había puesto entre 10 y 14 (sinceramente, ahora creo que merecía menos de 10). Me levanté y corrí al cuarto de mi hijo, lo abracé y lloré… intensamente. Me hubiese gustado poder devolver el tiempo... Pero eso era imposible…, el mal estaba hecho. Juanito abrió sus ojitos, aún hinchados por el llanto, sin embargo, me sonrió, abrazándome y me dijo: ‘¡Te quiero papito!’ Yo enmudecí y no me salían las palabras por la emoción…

  • ¡Despertemos papás! Aprendamos a darle el valor adecuado a aquello que es importante en la relación con nuestros hijos, ya que en gran medida, de ella depende el triunfo o el fracaso en sus vidas.
  • Te has puesto a pensar ¿qué calificaciones te darían hoy tus hijos? Esmérate por sacar buenas notas en tus deberes como padre...
  • ¿Cuántas veces no castigamos a nuestros hijos, por cosas que en realidad es culpa de nosotros mismos como padres?
  • Al escuchar a nuestros muchachos, ello se sienten valorados y tomados en cuenta, así seguramente harán menos travesuras para llamar la atención, buscando aunque sea una “caricia negativa”!
  • Al prestarle atención a nuestros hijos indudablemente que vamos a aprender a ser mejores padres, ellos nos hablan con la verdad y sin ninguna malicia, además son ellos quienes mejor conocen nuestras vidas.
  • En oportunidades nos creemos dueños y señores de la verdad y nos falta la humildad para reconocer que esos “loquillos tremendos” pueden tener la razón y sólo por ser sus papás les imponemos nuestra autoridad: “Porque si, porque soy tu papá y yo lo digo”.
  • Seamos un poco más niños con nuestros hijos, ellos lo agradecerán y no necesitarán buscar compañía con otros jóvenes que quizá sean hasta indeseables.


Autor: desconocido.
Editado por mí.

  • (Las reflexiones y exhortaciones posteriores a la historia son mías)…