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domingo, 18 de agosto de 2013

Las Manos de Dios

¿Por qué parece que Dios no interviene para remediar los males del hombre?


Cuando veo las fabricas vacías, arruinadas, los hombres sin trabajar y cuando lo hacen, lo poco que ganan en terminales, parley y caballos se van a jugar; cuando noto a las mujeres a su familias descuidar y a la calle se van a chismosear; sus parejas los viernes o cualquier día, en las plazas y esquinas a fumar y tomar; dejando a sus hijos en la casa solos, con el televisor por cuidador, en vez de irlos a abrazar, me pregunto: ¿dónde estarán las manos de Dios?


Cuando diviso el campo sin arar; cuando los aperos de labranza están olvidados o dañados; cuando la tierra está quebrada y abandonada, cuando el campesino abandona su campo y a la ciudad va a tratar de sobrevivir, cuando veo los ríos, lagos y mares por la ambición y descuido del hombre contaminar, cuando veo la casa del pobre en el cerro por efecto de las lluvias a punto de desmoronar, yo me pregunto: ¿dónde estarán las manos de Dios?


Cuando descubro al gobernante con poder hipnótico que se disfraza de cordero y luego se revela como lobo y aplasta a sus oponentes escudándose en el estado para satisfacer su delirio de poder en vez de gobernar con mano de gerente hacia todo el pueblo que tiene diversidad de ideas, me pregunto: ¿dónde estarán las manos de Dios?


Cuando observo campear la injusticia, la corrupción, el que explota al débil; cuando veo al prepotente pedante enriquecerse del ignorante, del pobre, del obrero, del campesino que carece de recursos para defender sus derechos, cuando veo reinar la indolencia ante el mal ajeno yo me pregunto: ¿dónde estarán las manos de Dios?


Cuando contemplo a esa anciana olvidada; que con su mirada perdida, nostálgica y todavía balbucea algunas palabras de amor por el hijo que a su suerte la abandonó, cuando veo a muchos hijos que maltratan a sus mayores e irrespetan a sus padres ancianos yo me pregunto: ¿dónde estarán las manos de Dios?


Cuando descubro al moribundo en su agonía lleno de dolor y percibo a su pareja padeciendo deseando no verle sufrir; cuando el sufrimiento es intolerable y su lecho se convierte en un grito desgarrador de súplica, de paz, me pregunto: ¿dónde estarán las manos de Dios?



Cuando miro a ese joven antes fuerte y decidido, ahora embrutecido por la droga o el alcohol; cuando veo titubeante lo que antes era una inteligencia decidida, brillante y ahora hecho harapos sin rumbo ni destino, perdido en el limbo, me pregunto: ¿dónde estarán las manos de Dios?

Cuando, veo a esa chiquilla, que debería estar jugando o escuchando cuentos en el regazo de sus padres y soñar en fantasías, arrastrando su existencia y en su prematuro rostro ya se refleja el hastío de vivir, que buscando sobrevivir se pinta la boca, se ajusta el vestido y sale a comerciar su cuerpo, me pregunto: ¿dónde estarán las manos de Dios?

Cuando en el terminal de buses veo a aquel pequeño, a las tres de la madrugada, ofreciéndome su periódico o su miserable cajita de dulces sin vender; cuando lo veo dormir en una puerta con periódicos como frazada, tiritando de frío, cuando su mirada lánguida suplica una caricia; cuando va sin norte ni esperanzas vagando, con la única compañía de un noble perro callejero, me pregunto: ¿dónde estarán las manos de Dios?



Y me enfrento a Él y le increpo: ¿dónde están tus manos, Señor? para luchar por la justicia, para dar una caricia, un consuelo al abandonado, rescatar a la juventud de las drogas, para enrumbar a nuestra querida infancia y dar amor y ternura al olvidado.



Después de un largo silencio escuché su voz que me reclamó: "Aun no te das cuenta que TÚ ERES MIS MANOS, atrévete a usarlas para lo que fueron hechas, para dar amor y alcanzar estrellas".

Y comprendí que las manos de Dios somos "TU y YO", los que tenemos la voluntad, el conocimiento y el coraje de luchar por un mundo más humano y justo, aquellos cuyos ideales sean tan altos que no puedan dejar de acudir a la llamada del destino, aquellos que desafiando el dolor, la crítica y la blasfemia se retienen a sí mismos para ser las manos de Dios.

Señor, ahora me doy cuenta que mis manos están sin llenar, que no han dado lo que deberían dar, ahora te pido perdón por el amor que me diste y no he sabido compartir, las debo usar para amar, siendo solidario con mi prójimo y conquistar la grandeza de la creación.

El mundo necesita de esas manos llenas de ideales y sentimientos, cuya mejor obra sea contribuir día a día a forjar una nueva civilización que busque valores humanos y espirituales superiores, que compartan generosamente lo que Dios nos ha dado y puedan llegar al final habiendo entregado todo con amor.


seguramente Dios dirá: ¡ESAS SON MIS MANOS!



Autor: desconocido
(Edición: Hernán A. Núñez)