Vistas a la página totales

domingo, 25 de agosto de 2013

Creerse dueño de la verdad

Cuántas veces nos creemos dueños absolutos de la verdad, sentados sobre un pedestal del que no queremos bajar y escuchar razones, con nuestro ego y nuestro orgullo al máximo, seguros de nosotros mismos, sin un ápice de humildad, creyéndonos perfectos, poderosos, semidioses, viviendo en nuestro propio reino, donde ni siquiera El Todopoderoso tiene cabida ni lugar, mirando el pecado ajeno sin revisar en nuestra propia conciencia; incapaces de compartir y menos perdonar....


Entender a aquel que señalamos con el dedo, a aquel que cayó en desgracia, aquel que es motivo de escándalo, aquel que hoy se arrastra en el fango, a quien todos le dan la espalda, de quien todos harán leña, como el árbol caído; es muy fácil ver los toros desde lejos, pero el que está en el ruedo es quien ve el peligro en su nariz.

Pero ¿acaso sabes que tu suerte un día puede cambiar? ¿Qué así como subiste puedes bajar? Y cuan más alto te hayas levantado mayor puede ser el golpe al desplomarte de la altura donde ya ni caminas sino que vuelas! y caerías en el mismo lugar de aquel a quien tanto desprecias (solo que en peores condiciones)!, de quien apartas tu vista para no mancharte, de quien hablas a hurtadillas y a vivas voces de su mala fama.


Así podemos estar nosotros por cometer tantos errores, por ser tan soberbios, por dejarnos vencer por el mal, así nos habrán de crucificar también a nosotros, haciéndonos a un lado en la más terrible y oscura soledad.



Por eso no debes escandalizarte de ese pobre pecador ni de ningún otro semejante; nuestra condición humana nos hace proclives al pecado y siempre nos equivocaremos, todos somos iguales ante los ojos del Creador y todos somos sus hijos, buenos y malos, es Él quien al fin y al cabo debe ser el único Juez.



Mañana puedes caer tú,  porque… ¿quién no ha sucumbido a una tentación? ¿quién no ha tropezado más de una vez? ¿quién no ha confiado en su propio juicio sin invocar al Padre Eterno? Dímelo ¿quién? ¿Qué ha pasado con nuestra misericordia? Como dijo hace mas de 2000 años el más sabio de los hombres, el propio Hijo de Dios: “El que esté libre de pecado, ¡que lance la primera piedra!”

No seamos jueces, ni verdugos, no asumamos la tarea de Dios! Que en nuestros labios y nuestros ojos solo asomen siempre la misericordia y el perdón para ese hermano, ese amigo o inclusive enemigo, para ese prójimo que encontró la desdicha. Que en nuestro corazón solo viva y triunfe la misericordia y  el Amor.

Autor: Desconocido (Editado por mi)



Toma mi mano.... Jesús - Ministerio Alfareros