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martes, 31 de diciembre de 2013

El Libro de nuestra vida



Hoy cerramos un volumen más del libro de nuestra vida. Cuando comenzamos este libro era todo nuestro, nos lo puso Dios en las manos, podíamos hacer con él lo que quisiéramos: un poema, una pesadilla, una blasfemia, un sistema, una oración...



¡Podíamos!... Pero hoy ya no podemos; ahora no es de nosotros, ya lo hemos escrito, justo ahora es  del Creador. Nos lo va a leer Dios el mismo día en que dejemos este mundo, con todos los detalles. Ya no podemos corregirlo. Ha pasado al dominio de la eternidad, ¡excepto lo que queda del día!


Pensemos unos momentos en esta última noche del año. Tomemos ese libro y veámoslo con detenimiento, dejemos que sus páginas se hojeen por nuestras manos y nuestra conciencia. Tengamos el gusto de vernos internamente. Leámoslo todo. Repitamos aquellas páginas en las que pusimos nuestro mejor estilo y dedicación.


No olvidemos que cada quien es su mejor maestro. Leamos también aquellas páginas que nunca quisimos haber escrito. ¡No!..., no intentemos arrancarlas, es inútil. Tengamos el valor para leerlas, son nuestras.  No podemos quitarlas, pero si anularlas cuando escribamos las siguientes páginas de nuestro libro. Si lo hacemos bien, Dios pasará éstas de corrida cuando lo lea el último día.

Leamos nuestro libro viejo la última noche del año. Hay en él trozos de nosotros mismos; es un drama apasionado en el que el primer personaje somos cada uno de nosotros. Nosotros individualmente en escena con Dios, con nuestra familia, con nuestros semejantes, con el trabajo, con la sociedad.


Lo hemos escrito con el instrumento asombroso de nuestra libertad de pensamiento sobre la superficie inmensa y movediza del mundo. Es un libro misterioso, que en su mayor parte, la más interesante, no puede leerlo más nadie que Dios y cada quien que lo escribe, de manera individual. Si nos provoca besarlo, hagámoslo; si nos provoca llorar, hagámoslo fuerte sobre ese viejo libro en esta última noche del año.


Pero, sobre todo, oremos sobre ese libro viejo. Agarrémoslo  en las manos, levantémoslo hacia el cielo y digámosle al Creador sólo dos palabras: ¡Gracias! ¡Perdón! Después démoselos  a Cristo. No importa como esté, aunque tenga páginas negras, Él sabe perdonar.


Esta noche Dios nos ha de dar otro libro completamente blanco y nuevo. ¡Ese si es nuestro! Vamos a poder escribir en el lo que queramos, ahí si tendremos chance de hacer las cosas de mejor manera…


Permitamos que Dios sea nuestro guía...
Pongamos el nombre del Todopoderoso en la primera página. Después pidámosle que no nos deje escribirlo solos. Digámosle que nos lleve siempre de la mano... y del corazón. Pidámosle que nos enseñe a escribir firme y derecho, que aun con borrones, nos ayude a seguir adelante, siendo consciente de nuestros errores.


Expresémosle que nos ayude a pensar, que es más importante escribir poco y bien, que llenar páginas con cosas falsas o sin significado. Indiquémosle que nos enseñe a dejar cierto margen para la fe y la libertad, la esperanza y los sueños en cada una de las hojas diarias.


Pidámosle encarecidamente que cuando no tengamos ideas nos dicte en voz fuerte desde los cielos, para poder anotar bien. Pidámosle, sobre todo, mucha humildad, solidaridad y paciencia, recordando que Dios, de vez en cuando, escribe derecho en líneas torcidos, pero si Él logra entender el mensaje y se siente conforme, estará el trabajo hecho…




¡Feliz año Nuevo de una manera especial a ti que me lees, y que el año que está por llegar te depare gratas sorpresas, son mis deseos y especialmente los deseos del Niño Dios!