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sábado, 7 de diciembre de 2013

El pesebre


Dos niños en un pesebre



A finales del siglo pasado, dos estadounidenses respondieron una invitación que les hiciera llegar el Departamento de Educación Ruso, para enseñar moral y ética en las escuelas públicas, basada en principios bíblicos.

Debían enseñar en prisiones, negocios, el departamento de bomberos de la policía y en un gran orfanato. En el orfanato había casi 100 niños y niñas que habían sido abandonados, abusados y dejados en manos del Estado.

De allí surgió esta historia relatada por los mismos visitantes: Se acercaba la época de las fiestas de 1994, los niños del orfanato iban a escuchar por primera vez la historia tradicional de la Navidad. 

Les contamos acerca de María y José llegando a Belén, de como no encontraron lugar en ninguna posada, por lo que debieron ir a un establo, donde finalmente el niño Jesús nació y fue puesto en una  especie de cajón de madera, donde se da de comer a las vacas y caballos, llamado pesebre.

A lo largo de la historia, los chicos y los empleados del albergue no podían contener su asombro. Algunos estaban sentados al borde de la silla tratando de captar todas y cada una de las palabras.

Una vez terminada la historia, les dimos a los chicos tres pequeños trozos de cartón para que hicieran un tosco pesebre. A cada chico se le dio un cuadradito de papel cortado de unas servilletas amarillas que yo había llevado conmigo.

En la ciudad no se podía encontrar un solo pedazo de papel de colores. Con gran entusiasmo y siguiendo las instrucciones, los chicos cortaron y doblaron el papel cuidadosamente colocando las tiras a manera de la paja del pesebre.

Unos pequeños cuadraditos de franela, cortados de un viejo camisón que una señora norteamericana se olvido al partir de Rusia, fueron usados para hacerle la manta al bebe. De un fieltro marrón que trajimos de los Estados Unidos, cortaron la figura de un bebe.

Mientras los huérfanos estaban atareados armando sus nacimientos, yo caminaba entre ellos para ver si necesitaban alguna ayuda. Todo fue bien hasta que llegue donde el pequeño Abraham estaba sentado.

Parecía tener unos seis años y ya había terminado su trabajo. Cuando mire el pesebre quede sorprendido al ver dos niños dentro. Llamé rápidamente al traductor para que le preguntara porqué había dos bebes en vez de uno solo dentro del pesebre. Abraham cruzó sus brazos y observando la escena del pesebre comenzó a repetir la historia muy seriamente.

Belén y el nacimiento de Jesús. Por ser el relato de un niño que había escuchado la historia de Navidad una sola vez estaba muy bien, hasta que llegó la parte donde María pone al bebé en el pesebre.

Allí Abraham empezó a inventar su propio final para la historia, diciendo: 'Y cuando María dejó al bebé en el pesebre, Jesús me miró y me preguntó si yo tenía un lugar donde estar.

Yo le dije que no tenía ni mamá ni papá y que no tenía un lugar para estar. Entonces el Niño Jesús me dijo que yo podía quedarme allí con Él.

Le dije que me gustaría, el problema era que no tenía un regalo que darle. Aun así yo quería estar con Jesús, por eso pensaba en que cosa tendría yo que pudiese darle a Él como regalo; se me ocurrió que un buen regalo podría ser darle calor.


Por eso le pregunté a Jesús: Si te doy calor, ¿ese sería un buen regalo para ti. Y Jesús me dijo: -Si me das calor, ese sería el mejor regalo que jamás haya recibido-. En seguida me metí dentro del pesebre, Jesús me miró y me dijo con mucha ternura que podía quedarme allí con Él todo el tiempo que quisiera'.

Cuando el pequeño Abraham terminó su historia, sus ojitos brillaban llenos de lágrimas mojando sus mejillas; se tapó la cara, agacho la cabeza sobre la mesa y sus hombros comenzaron a sacudirse en un llanto profundo.


El pequeño huérfano había encontrado a alguien que jamás lo abandonaría ni abusaría de él. ¡Alguien que estaría con él para siempre! Y yo aprendí que no son las cosas que tienes en tu vida lo que cuenta, sino a quienes tienes, lo que verdaderamente importa...

Hagamos de nuestro pesebre familiar, la gran oportunidad para darle algo muy nuestro al Niño Jesús y aprovechemos las oportunidades para expresar nuestra solidaridad al prójimo con quienes toca compartir la vida y la Fe.


 ¡Feliz Navidad a todo aquel que lee este relato!…