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lunes, 30 de diciembre de 2013

Feliz año nuevo

A sólo 2 días de comenzar el Año Nuevo



Comenzar un año representa una oportunidad única para hacer los cambios necesarios que nos permitan mejorar nuestra condición de vida. Es el mejor momento para asumir el compromiso de vencer viejos hábitos negativos y cambiarlos por positivos, con la posibilidad de renovar nuestro cuerpo, la mente y el espíritu, cambiando así nuestro estilo de vida.

Muchos dirán (y están en lo cierto), es muy fácil poder decirlo, y en mi caso escribirlo, pero no es tan sencillo realizarlo; así es, ¡estoy totalmente de acuerdo! Por eso lo escribo para siempre recordar lo que debo hacer, porque esta reflexión va dirigida principalmente… ¡a mí mismo! La transformación es un proceso que debe iniciarse desde adentro hacia fuera, y la autovaloración es determinante para lograrla con éxito.

Año tras año hacemos una lista enorme de propósitos que no llegamos a cumplir, porque nos falta la voluntad, quizá la compañía de alguien que nos acompañe a cumplir con ellos o porque no estamos lo suficientemente convencidos de que valga la pena comprometernos a trabajar con tesón, pasión y la constancia para conseguirlos.


Tenemos que encontrar un sentido nuevo y positivo a nuestra vida, para alcanzar la sensación de plenitud aun cuando tengamos metas y propósitos por lograr todavía. Es importante que nos tomemos el tiempo necesario para reflexionar al respecto, hasta que podamos definir que es lo que deseamos hacer y como queremos vivir cada día.

Atrevámonos a mirar en nuestro interior, dejémonos de evadir, asumiendo más compromisos y responsabilidades de las que podemos cumplir o manejar, preguntémonos qué es lo que realmente queremos hacer. ¿A dónde pretendemos llegar? ¿Cuál es el lugar que ambicionamos ocupar en el mundo? Y dispongámonos a respondernos sin pérdida de tiempo, con valor, confianza y honestidad... Sólo así, la vida comenzará a ser una experiencia positiva y diferente.

La felicidad es posible y depende de nuestra capacidad de percibir y valorar todo lo auténtico que hay en nuestra vida. Somos felices a partir del momento en que nos sentimos a gusto con quienes somos, con las personas que compartimos la vida, con las cosas que tenemos y con la tarea que realizamos cada día.


Identifiquemos nuestros propósitos en la vida y al despertar cada mañana, indaguemos que podemos hacer durante el día para convertirlo en realidad y luego dirijamos toda la atención en esa meta, afrontando todos los problemas que seguramente se presentarán sin dejar de tener presente nuestro objetivo. El deseo interno y poderoso de ser felices y exitosos, siempre nos impulsará a buscar las herramientas que nos permitan superar las dificultades y a mejorar nuestro estilo de vida.

Decálogo para transformar tu vida
1.      Hacerte responsable de ti mismo. Supera cualquier sentimiento de víctima que puedas tener, recuerda que solo somos víctimas de nosotros mismos, cuando les permitimos a otros que nos afecten con sus comentarios o actitudes. ¡Decide ser feliz! Y comienza por tener el valor para establecer límites. Pregúntate: hasta dónde y hasta cuándo. Deja de quejarte y lamentarte... Piensa que eres perfectamente capaz de crear la vida que quieres. ¡Deja de esperar y comienza a actuar!
2.      Vivir en el presente. La mejor manera de tener una vida plena es viviendo momento a momento. Deja de sufrir por el aspecto negativo de tu pasado y evita preocuparte por la incertidumbre del futuro, vive en presente con el compromiso de realizar tu mejor esfuerzo dirigido a construir un futuro maravilloso. La mejor parte de tu vida está ocurriendo ahora, busca siempre el sentido positivo y el aprendizaje oculto en cada situación. ¡Respira profundo y toma conciencia de que estás vivo, aquí y ahora!
3.      Tener una actitud positiva. Desarrolla el hábito de buscar siempre lo positivo dentro de cada situación, aun cuando te parezca negativa inicialmente. La habilidad de ver las situaciones, personas o recuerdos desde una perspectiva más positiva nos permite salir del pesimismo y de la pasividad con la que asumimos la vida. Tener ideas y pensamientos más positivos, te permitirá convertirte en tu mejor aliado al momento de tomar las oportunidades que te ofrezca la vida. Sonríe y evita ser negativo en tus comentarios, actitudes y pensamientos.
4.      Crear celebraciones personales. Es importante aprender a crear nuestros propios rituales para celebrar nuestras ocasiones o momentos especiales. Así resaltamos la importancia y el valor que tienen para nosotros. No necesitamos esperar a que lleguen las fechas para celebrar. Podemos celebrar el hecho de estar vivos, la presencia de nuestra pareja, el reencuentro con un amigo...
5.      Dar gracias. Cuando reconocemos todos los regalos y las bendiciones que recibimos a diario, llenamos nuestro espacio interior de gratitud y amor. Mientras más gratitud experimentes menos resentimiento guardarás en tu corazón. Además, el sentimiento cálido de la gratitud te irá convirtiendo poco a poco en un ser humano más generoso.
6.      Tener momentos de calidad. Los acontecimientos especiales siempre se presentan a su debido tiempo, cuando el corazón está dispuesto y el momento y las condiciones son propicios para el evento. ¡No permitas que las obligaciones, los pendientes y el exceso de preocupaciones te impidan disfrutar de pequeños momentos de calidad!! Ahorrar espacios en tu rutina diaria para conversar con tu pareja, para leerles un cuento a tus hijos, para meditar, para escuchar a alguien que lo necesita, para comerte un helado o tomarte un café... pueden darle un sentido renovado a tu existencia.
7.      Compartir en familia. Muchas veces la rutina familiar se convierte en una experiencia llena de deber, recriminaciones, exigencias y obligación. ¡Hagamos el compromiso de renovar nuestro espacio familiar! Fomentemos la comida juntos en algún momento del día, las conversaciones del alma que son las que nos permiten hablarnos con confianza, respeto y amor, compartamos recuerdos de nuestra infancia enriquecedores o divertidos... Todo esto con la intención de fortalecer los lazos que nos mantendrán siempre unidos a través del cariño.
Buscar tu mensaje diario. Sal a la vida cada día atento a reconocer los signos o señales, o los maestros casuales que te hablen de tu situación personal. Recuerda que no estás solo y que la Divinidad siempre utiliza diversos instrumentos para hacerte llegar sus mensajes de amor, guía y protección. Encárgate de mantener tu mente limpia de ideas negativas y tu corazón lleno de confianza y esperanza.
8.      Librarte de la culpa. No importa cuantos errores cometas a diario, lo verdaderamente importante es que tengas la humildad y la responsabilidad de reconocerlos para hacer cuanto sea necesario para enmendarlos. Los tropiezos y las caídas nos llevan a crecer y a madurar. Perdónate, trátate con gentileza y date otra oportunidad. No te dejes afectar por los comentarios o los juicios que te hagan los demás.
9.      Soñar en grande. Los sueños que atesoramos nos dan la motivación y el impulso necesarios para vivir a plenitud. Cuando tienes un propósito, tus días adquieren un sentido renovado, recuperas la pasión y el encanto por la vida. Persevera en tu compromiso de hacer cuanto sea necesario para cumplir tus sueños, concentra tu atención en cada paso que das y aprende a disfrutar del proceso que te llevara a realizarlos.
10. Manifiesta tu amor. Tenemos familiares y seres a quienes queremos mucho por razones culturales o falta de entrega y nunca les decimos cuantos los amamos, ¡aunque en nuestros corazones así lo sintamos! Todos los mandamientos de la religión católica se pueden resumir en dos:
10.1.       Amar a Dios sobre todas las cosas.
10.2.       Amar al prójimo como a ti mismo. 

Si en nuestro corazón habita ese amor, que no se pelea con las Sagradas Escrituras (por el contrario), Dios nos invita a ello, ¿porqué no manifestarlo? a viva voz, con detalles sutiles, con serenatas, con mariachis, con un regalo, con un poema, decirlo quedo al oído, con nuestro ejemplo de vida, con nuestras obras, ¡como mejor nos parezca!



El amor es tan grande que inclusive alcanza para nuestros enemigos, o para quienes no conocemos; porque todos somos hermanos; unos con más virtudes que otros, pero todos sin excepción somos hijos de Dios, hechos a su imagen y semejanza.