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domingo, 21 de abril de 2013

Algo muy íntimo

Yo llegué a los 37 años y la vida pasó por mí, yo creo que a veces ni me daba por enterado. Vivía como venía, hasta que tuve un encuentro conmigo mismo, luego con mi pareja y por último y principal con Dios.


¡Así es! en sólo un fin de semana pude percibir lo rico que es la vida, con un nuevo color y sazón, una vitalidad espiritual nueva, algo que jamás había sentido, tenía un amor rejuvenecido y ¿qué había pasado? Solamente que había experimentado el amor de Dios en mi corazón, ¡sólo eso!


¡Él vive!

Suficiente para creer que podía cambiar el mundo por amor, ¡es como comenzar una resurrección! Si, a veces vamos por el mundo sin norte, accionados por los resortes de la sociedad, hasta que despertamos en Cristo y tomamos el control, mejor dicho dejamos que su gran amor sea el que nos guíe. Y si ese gozo puede sentirse aun en esta vida terrena, ¿cuánto más puede sentirse en la vida eterna, al lado de Dios y nuestros seres más queridos?



Porque lo que verdaderamente cambió en mi fue la creencia que hay una vida de luz y amor y es eterna. Y el punto de apoyo de esa seguridad es la resurrección de Jesús. Si Él gracias a su Padre venció a la muerte, también a mí me puede ayudar a vencerla.


¡Ah! si todos creyéramos verdaderamente en esto. ¡Cuántas cosas cambiarían, si todos los cristianos se atrevieran a vivir a partir de la resurrección, si vivieran sabiéndose resucitados! Tendríamos entonces un mundo sin amarguras, sin derrotistas, con gente que viviría iluminada constantemente por la esperanza.


Cómo trabajarían sabiendo que su trabajo colabora a la resurrección del mundo. Cómo amarían sabiendo que amar es una forma inicial de resucitar. Qué bien nos sentiríamos en esta vida, si todos supieran que el dolor es vencible y vivieran en consecuencia en la alegría.


Sí, la resurrección de Cristo y la fe de todos en la resurrección es lo que podría cambiar y vivificar este mundo contemporáneo. Y es tremendo pensar y saber que cada uno de nosotros, con nuestra fe, podemos añadirle al mundo un poquito más de esperanza, ...un poco más de resurrección!


Cómo necesito hoy en día sentirme de nuevo así, ¡Dios mío ayúdame!