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miércoles, 24 de abril de 2013

La Lluvia



No sé por qué tanto la lluvia me ama.
Si voy por el monte me sale traviesa;
si en la noche llega, me busca en la cama
y por no asustarme íntima me besa.

Y no tiene freno su franco retozo
al tocar mi seno fragante y menudo,
al pasar la túnica que ampara el reposo
de mi cuerpo inquieto, como el mar desnudo.

Que gusto se ha dado mi alma aldeana
cuando la sorprendo loca en la ventana
llamando al postigo con mano implorante!...

Yo puedo decirle muy hondo a la vida:
¡he llevado un siglo la belleza asida
por la cabellera de hebras de diamante!

María Calcaño