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miércoles, 24 de abril de 2013

El Pescador y la Sirena



Hinchada el agua, espumajea,
mientras sentado el pescador
que alg
ún pez muerda el anzuelo
pl
ácido aguarda y bonachón.

De pronto la onda se rasga,
y de su seno-
¡oh maravilla!-
toda mojada, una mujer
saca su gr
ácil figurilla.

Y con voz r
ítmica le increpa:
-
¿Por qué, valiéndote de mañas,
hombre cruel, tiras de m
í
para que muera en esta playa?

¡Si tú supieras qué delicia
all
á se goza bajo el agua,
tal como estas te arrojar
ías
al mar, dejando en paz la ca
ña!

¿No ves al sol, no ves la luna
c
ómo en las ondas se recrean?
¿Doble de hermosos no parecen
cuando en las agujas se reflejan?

¿No te seduce el hondo cielo
cuando su azul, h
úmedo muestra?
Cuando este alj
ófar lo salpica,
¿del propio rostro no te prendas?

Hinchada el agua, espumajea,
del pescador lame los pies;
siente el cuidado una nostalgia,
cual si a su amada viera fiel.

Cantaba un tanto la sirena,
todo pas
ó en un santiamén;
tir
ó ella de él, resbaló el hombre,
nunca m
ás se dejó ver.



Johann Wolfgang von Goethe