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sábado, 27 de abril de 2013

El niño que podía rebotar

En el mundo de la imaginación, hubo una vez que un niño que adquirió el poder de rebotar como una pelota, pero quiero relatarles como sucedió…

Resulta que cuando "Boll Ita" nació e iba creciendo, fue aprendiendo de la vida y se dio cuenta que el rebotar era la vida más adecuada, bueno, al menos eso creyó él. Cuando a su madre le dieron las indicaciones como criarlo, ella notó como al niño le rebotaban los consejos.

Inclusive su padre, "Ball Ita", cuando se enteró por su madre (llamada "Apend de Jia Ita") que estaba embarazada, lo primero que hizo fue rebotarse y dijo que él estaba muy joven y no estaba preparado para ello; la familia de "Apend" también se rebotó ya que ellos no estaban de acuerdo.

Ya de niño, fue internalizando el rebotarse, no había de otra, era sobrevivir, cuando lloraba por hambre o para que lo cambiaran los pañales, a veces hasta palmadas le daban, quizá para que rebotara mejor, es decir como driblar una pelota.

Además "Boll" aprendió que el círculo tiene ejes de simetría infinitos por lo que sabía que tenía cualquier cantidad de posibilidades de llevar su vida, además al ser un curva cerrada el círculo no tiene fin y podría hacerse imperecedero a través de sus pensamientos y al ser hermético nada podía perturbarlo dentro de su círculo.

Gracias a su redondez el círculo tiene un perfecto equilibrio y nunca se caerá de bruces pues tiene siempre un punto de apoyo estable. Como a todos los niños, a Boll también le gustó el circo y además de los payasos, animales, magos y acróbatas se fijó en la forma de la carpa, era redonda, justamente de allí se derivaba el nombre del círculo.

Aun cuando son distintos el círculo y la circunferencia, él (como la mayoría) no les tuvo distingo alguno. Tenía una fe equivalente a sus ejes simétricos, era infinita, sabía que en algún momento, si lo pedía con sumo fervor al gran Aro, Él que no tiene principio ni fin, el que es, le daría los poderes de rebotar y ascender cada vez más a estadios más sublimes, más cerca del cielo.

Además ya de joven con grandes condiciones atléticas jugó baloncesto, futbol, volibol, beisbol, tenis de mesa y en todos los que se utilizaban pelotas que rebotaban, unas más que otras y otras que adquirían velocidades vertiginosas de acuerdo al que las propulsaba.

Como visionario que era, sus sueños como pompas de jabón se abrían al éter de la vida y se fusionaban con el universo, que al parecer era curvo. Se familiarizó con Aristóteles, Ptolomeo, Platón, Sócrates y mantuvo estrecha amistad con Copernico, Galileo Galilei y muchos otros notables pensadores y científicos, todos estudiosos de la esfera.

Un buen día que había llovido perfectas esferitas de agua, no en forma de gotas, al salir el sol perfectamente redondo en el centro del firmamento, se formó un extraordinario y hermoso arcoíris redondo en la dirección de las 12 del mediodía, al niño redondo se le antojaba que era un portal a otra dimensión.

¡Esa fue la señal! ..."Boll Ita" comenzó a rebotar y rebotar, cada vez más alto, hasta pasar por el centro de la esfera cromática, atravesar la radiante esfera solar y descubrió que el cielo era redondo, sin fin y sin principio, donde encontró una paz y tranquilidad absolutamente redondas, sin final, y ya no quiso regresar a este mundo anómalo, amorfo, de líneas incompletas e irregulares y lleno de personas sin ninguna directriz en la vida...



© Hernán A. Núñez