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miércoles, 24 de abril de 2013

Perro taxista

Ayer tarde le pedí a mi esposa que me acompañara a hacer comprar un teléfono celular y en efecto nos fuimos hasta la avenida San Martín donde lo había visto en una tienda.

Luego de comprarlo, iba más contento que niño chiquito con juguete nuevo y con una mano iba operándolo como me había enseñado la joven de la tienda y con la otra iba de manos con mi señora, ¡de lo más feliz!

Casualmente lo había puesto en modo “cámara fotográfica” y de forma abrupta (para la sorpresa de ella y bueno, …también la mía) le solté la mano y enfoqué con mucho cuidado la imagen que tenía ante mi… ¡no daba crédito a lo que veían mis ojos!

Acto seguido, en plena calle mi mujer se trasformó en una cuaima, insultándome y me sonó una soberana cachetada y no me quiso hablar sino esta mañana.

Pero, en honor a la verdad… ¡seamos honestos! ¿Cuántas veces te encuentras a un güevón perro manejando un taxi por la ciudad?


© Hernán A. Núñez