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lunes, 29 de abril de 2013

Tango



¿Qué poder tiene la buena música y dentro de ella, específicamente, el tango y la milonga, que logran sustraerme de este mundo y elevarme a celestiales lugares recónditos, donde jamás he estado físicamente?




¿Cómo es posible que tenga evocaciones de momentos y situaciones que nunca he vivido? ¿Qué extraño sortilegio permite que conozca a personas que jamás he visto en mi vida y que además por su vestimenta no son de este lugar ni de esta época?


¿Cómo es que sin saber bailar me transformo en un excelso bailarín de ese género, inicialmente argentino, que ni siquiera he bailado ni intentado practicar? ¿Cómo es posible que pueda sentir el palpitar del corazón de una hermosísima y sensual mujer entre mis brazos que no conozco y danza exquisitamente?



¿Será que la música nos sublima el espíritu de tal manera que éste opera un cambio en nuestra configuración molecular corpórea y permite que nos demos un paseo por otros estadios del universo que no conocemos? ¿Será la música un portal en el tiempo y el espacio que nos muestra otras realidades?


© Hernán A. Núñez