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martes, 30 de abril de 2013

¿Existen los Reyes Magos?



Un niño llamado Moisés se encontraba en su casa luego de haber estado en el colegio durante el día; se hallaba muy ansioso en espera de que viniera su papá del trabajo.


Su padre llegó, colgó la chaqueta y se sentó a reposar en la pequeña sala. Apenas hecho esto el niño le preguntó en voz algo baja, casi temeroso: - ¿Papá?- “Sí, hijo, dime.” -Oye, quiero... ¡que me digas la verdad!-

Algo sorprendido Rubén (como se llamaba el padre) le dijo: “Claro, hijo, siempre te la he dicho- respondió extrañado. -Es que-... titubeó el niño. “Dime, Moisés Aarón, ¿qué te preocupa?” -Papi, ¿realmente existen los Reyes Magos?-



A Rubén se le hizo un nudo en la garganta, miró a Héylet, su esposa, quien daba teta a Ibrahim, su otro hijo de brazos, intentando descubrir el origen de aquella pregunta, pero sólo pudo ver un rostro tan sorprendido como el suyo que le miraba igualmente.

-Es que los niñitos del colegio dicen que los Reyes Magos son los mismos padres. ¿Es verdad eso?-

La nueva pregunta de Moisés le obligó a volver la mirada hacia el niño y y con un nudo en la garganta y tragando saliva le preguntó a su vez: “¿Y tú qué crees, hijo mío?”


-Yo no lo sé, papá: que sí y que no. Por un lado me parece que sí, que si existen, porque ustedes no me mentirían; pero, ¿cómo es que los amiguitos en el colegio dicen eso?-...


“Mira, hijo, efectivamente son los padres los que ponen los regalos, pero...” iba a continuar, cuando el niño le interrumpió algo airado. -¿Entonces si era verdad?- cortó Moisés con ojos de decepción. -¡Me han engañado!-

“No, mira, nunca te hemos engañado, porque los Reyes Magos sí existen” respondió el padre tomando entre sus dos manos la carita de Moisés.

-¿Pero cómo así? Entonces no entiendo nada, papá.-

“Siéntate hijo y escucha esta historia que te voy a contar porque ya es el momento de que puedas entenderlo”, le dijo Rubén mientras señalaba con la mano el asiento a su lado.



Moisés se sentó entre sus padres ansioso de escuchar cualquier cosa que le sacase de su duda, y su padre comenzó a narrar lo que para él debió de ser la verdadera historia de los Tres Reyes Magos:






"Cuando Jesús nació, los tres Reyes venían desde el oriente lejano guiados por una luminosa estrella y se acercaron al pesebre donde el Niño Rey había nacido para adorarle. Allí le encontraron al lado de José y María, algunos pastores, una mula y un buey.


Le llevaron regalos en prueba de amor y respeto; el Niño Dios se puso tan contento y feliz que Melchor, el más anciano de los Reyes, dijo: ¡Es maravilloso ver tan feliz a un niño! Deberíamos llevar regalos a todos los niños del mundo y ver su felicidad reflejada en la cara.


¡Oh, sí! -exclamó Gaspar-. Es una buena idea, pero eso es muy difícil. No vamos a poder llevar tantos regalos a todos los niños del mundo.


Baltasar, el tercero de los Reyes, que estaba escuchando a sus dos compañeros con la cara iluminada de alegría, comentó: - Es verdad que sería fantástico, pero Gaspar tiene razón y aunque somos magos, ya somos ancianos y nos resultaría muy arduo poder recorrer el mundo entero entregando regalos a todos los niños. ¡Pero sería tan bonito!


Los tres Reyes se pusieron muy tristes al pensar que no podrían realizar su deseo. El Niño Jesús, que desde su pobre cunita de paja les escuchaba atento, sonrió y en eso la voz de Dios se escuchó en el Portal de Belén:


-Ustedes son muy buenos, queridos Reyes Magos, y les agradezco sus regalos. Voy a ayudarlos a realizar su hermoso deseo. Díganme: ¿qué necesitan para poder llevar regalos a todos los niños de la tierra?-


-¡Oh, Señor!- dijeron los Reyes Magos arrodillándose. Necesitaríamos millones y millones de ayudantes, casi uno para cada niño que pudieran llevar al mismo tiempo a cada casa nuestros regalos, pero, no podemos tener tantos servidores, no existen tantos.




-No se preocupen por eso- les dijo Dios. -Yo les voy a proporcionar no uno, sino dos ayudantes por cada niño que hay en el mundo.-

-¡Sería magnífico! Pero, ¿cómo es posible? -dijeron a la vez los Reyes Magos con cara de sorpresa y admiración.

-Díganme, ¿no es verdad que los ayudantes que les gustaría tener deben querer mucho a los niños?- Les preguntó Dios.


-¡Por supuesto que sí, eso es necesario! -asintieron los tres Reyes-. Y, ¿verdad que esos ayudantes deberían conocer muy bien los deseos de los niños? Les preguntó nuevamente Dios. -¡Oh sí, claro! Eso es lo que exigiríamos a un servidor o ayudante- cada vez más entusiasmados los tres.



-Pues díganme entonces, queridos Reyes: ¿hay alguien que quiera más a los niños y los conozca mejor que sus propios padres? Los tres Reyes se miraron asintiendo con la cabeza y empezaron a comprender lo que Dios estaba planeando, cuando La Voz de nuevo se volvió a oír:



-Puesto que así lo han querido y para que en nombre de los Tres Reyes Magos de Oriente todos los niños del mundo reciban algunos regalos, YO, ordeno que en Navidad, conmemorando estos momentos, todos los padres se conviertan en sus servidores, y que en su nombre, y de su parte regalen a sus hijos los regalos que deseen.




También ordenó que, mientras los niños sean pequeños, la entrega de regalos se hará como si la hicieran los mismos Reyes Magos. Pero cuando los niños sean suficientemente mayores para entender esto, los padres les contarán esta historia y a partir de entonces, en todas las Navidades, los niños harán también regalos a sus padres en prueba de cariño.


Y, alrededor del Nacimiento hecho en casa, recordarán que gracias a los Tres Reyes Magos todos son más felices.-”

Cuando el padre de Moisés hubo terminado de contar esta historia, el niño, visiblemente contento, se levantó y dando un beso a Rubén y Héylet les dijo:

-Ahora sí que lo entiendo todo papá… Y estoy muy contento de saber que me quieren mucho y que no me han engañado-. Y con ojos vivaces, se dirigió corriendo a su cuarto, regresando con su alcancía en la mano mientras decía:



-No sé si tendré bastante para comprarles algún regalo a ustedes, pero aunque sea si le compraré alguna chuchería a mi hermanito Ibrahim Josué y para el año que viene ya guardaré más dinero para comprar algo para ustedes también.-




Y toda la familia se abrazó muy feliz mientras, desde el Cielo, a buen seguro, el Niño Rey junto a los pastorcitos y los Tres Reyes Magos contemplaban la escena tremendamente satisfechos.