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domingo, 16 de junio de 2013

Día del Padre en Venezuela



"Mas allá del padre"




Hace ya algunos años, en un Diplomado en Familia que culminé satisfactoriamente, en una clase conversamos sobre un artículo publicado en el diario El Nacional, en fecha 22/05/2006 por un psicoanalista, de origen judío, Adrián Liberman, titulado: “Mas allá del padre”.



En una breve sinopsis del referido artículo Liberman señala:

“Una de las tareas evolutivas que toda persona debe hacer consiste en matar simbólicamente a sus padres. Con ello me refiero a que, para poder crecer, la persona debe poder desasirse de la culpa para tener un proyecto propio de vida”





Para mí el significado de la referida idea es desatar los nudos de dependencia con los padres y comenzar a ser un hombre o mujer maduros, capaz de dirimir su propio destino, alcanzar su estrella idealizada y conducir su vida con albedrío.





Comienza el artículo preguntando cual es el lugar del padre en una sociedad matricentrista como la venezolana. Según un estudio realizado por el columnista a sus pacientes, a quienes les inquirió acerca del éxito y todas las repuestas de una u otra manera conducían a la imagen paterna. 


El resultado de la experiencia mostraba el rasgo psicológico que el padre dejaba en el hijo, y como se relacionaba con la construcción y consecución de metas, así como la experiencia de la culpa que dicha relación imprimía en su conducta.



Aun cuando esta deuda culposa con el padre será una constante referencial que definirá todas las acciones en su adultez, también será el detonante impulsor que lo llevará a la conquista de estratos cada vez más altos.



El padre representa la figura institucional de disciplina y orden en la familia venezolana, es la imagen psicológica de la norma que regula las relaciones con los semejantes. Pero a la vez, genera una molestia contenida por reprimir las libres aspiraciones del hijo. No obstante, esta apreciación ambivalente es característica del ser humano, pues toda característica positiva puede tener su contraparte apreciativa.



A veces el no contar con el padre o una figura sustituta que signifique la autoridad normativa hace que no se aprecie a los demás como iguales; se pierde el carácter social al carecer de límites en su gran “yo”, desconociendo el “tu”, que es tan esencial para “nosotros”.



Los asesores políticos conocedores de tal realidad, estimulan la necesidad de la figura de ley en un pueblo desorganizado y venden la imagen de sus candidatos con esa aura paterna, “que corregirá todos los errores de la sociedad y con disciplina”.




Inclusive este perfil del padre encarna la máxima potestad en casi todas las religiones, por el respeto que esto infiere. Esta representación se ha simplificado con el devenir del tiempo, refiriéndose a que quien lleva los pantalones o se ciñe el cinturón es la autoridad.




Continúa el escritor haciendo referencia que como la noción de ley la simboliza el padre y nuestra sociedad presenta una gran ausencia paterna, por ende, la mayoría de los problemas sociales de nuestra cultura deviene de ello y es por eso que hay tantos delitos.



Si lo que asevera Liberman fuese cierto, la gran mayoría de los venezolanos viviríamos en un completo caos y en guerras perennes, pues la orientación de la familia venezolana es matricentrada (quizá en más de un 90 %). Nota: El descontrol social imperante hoy día tiene una connotación de desatino político pues se ha agudizado con este gobierno "revolucionario". Pero eso sería otro tema a desarrollar.



En cambio la pasividad, tolerancia y relativa tranquilidad de nuestros coterráneos echa por tierra tal teoría freudiana. El venezolano común es más bien dado a ser solidario, buen anfitrión. Los que tienen la violencia en las calles son unos pocos desadaptados contra los cuales el propio gobierno no hace nada o muy poco, ante la expectativa de un pueblo temeroso.




Trabajos serios realizados por el Centro de Investigaciones Populares, con el Pbto, Dr. Alejandro Moreno Olmedo en la dirección de ese equipo investigativo, nos demuestran que ese factor (la ausencia del padre), no es determinante en la formación del delincuente venezolano.




Historias documentadas intrafamiliarmente por el C.I.P. aclaran con testimonios reales que el verdadero caldo de cultivo de nuestros infractores es que han tenido ausencia de una madre significativa (aunque esté presente en el seno familiar) y la presencia de un padre (o sustituto) poco amable, déspota, violento y agresivo con sus hijos.



Otro factor, que añade quien suscribe el presente ensayo, es la orientación de la sociedad en la acumulación desmedida de riquezas (en detrimento de la gran mayoría), el apego a lo material y lo colectivo, propio de este sistema “revolucionario” imperante (que más bien tiene todas las características de ser un capitalismo de estado), más que el enriquecimiento en valores y espiritualidad de los ciudadanos.



Aquí cumple un rol determinante el Estado venezolano, que se avoca a una política internacional sin precedentes, con el deseo de un reconocimiento del mundo de un liderazgo pseudo democrático y ¿¿¿socialismo del siglo 21??? “caudillismo moderno, lo llamaría yo”.




Si bien es cierto que este gobierno ha destinado, más que cualquier otro, gran cantidad de las finanzas públicas, producto de la excepcional renta petrolera, en proyectos sociales, también es verdad que mucho de esos recursos han sido desviados y dilapidados por manos criminales y corruptas.




Ante esta realidad pública, denunciada y notoria, las instituciones encargadas como el poder moral (compuesto por La Defensoría del Puesto, ...perdón, quise decir La Defensoría del Pueblo, La Fiscalía General de la República y el elefante blanco de la Contraloría General de la República), el poder judicial (El Tribunal Supremo de Justicia y demás entidades subalternas), el Consejo Nacional Electoral y el Poder Legislativo, ni que hablar del Poder Ejecutivo, no hacen nada porque son personeros de la misma tolda política gobiernera y como bien dice la conseja popular “entre bomberos no se pisan la manguera”.




En el aspecto educativo nuestros profesores y maestros son subpagados, aun teniendo una de las labores más loables de una sociedad: la educación de nuestros hijos, “el futuro del país”. 





Si el meollo del sistema educativo se centrara en la siembra de valores, remunerando debidamente a educadores de todos los niveles (además de impartir puros conocimientos, por cierto, muchos de los cuales no se contextualizan con nuestra realidad social), pudiéramos cosechar hijos de la patria con ética y buenas costumbres, logrando que nuestra Venezuela sea mejor para todos.



© Hernán A. Núñez