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miércoles, 26 de junio de 2013

La Caridad (Ensayo)

La caridad es la virtud reina que debe gobernar en la vida de toda persona. Es el resumen del nuevo mandamiento de Cristo. Es la base de toda la espiritualidad cristiana. La caridad es la virtud sobrenatural por la que amamos a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos.

La caridad es el distintivo de la auténtica persona bondadosa. Sin caridad no hay virtudes verdaderas. La caridad es el centro, la esencia y la perfección de cualquier vida enfocada al bien, ya que en la práctica de la caridad se condensan todas las enseñanzas de Jesucristo.

La vivencia de esta virtud es exigente porque no busca la propia satisfacción, sino ante todo el bien de la gente. La caridad es una decisión y sólo se vive amando. No debe ser sólo un deseo. «Obras son amores y no buenas razones».  No se debe esperar a que se presenten situaciones para vivir actos espectaculares de caridad, sino de manera heroica, en cada momento del día.

Hay que vivir la caridad en todo momento, dando un saludo afectuoso, regalando una sonrisa, ayudando a quien lo necesite, sobreponerse ante las eventualidades, superar el cansancio, evitar el mal humor, hablar siempre bien de los demás, enseñar con humildad al que sabe menos, orar por los demás, llevar el mensaje de Jesucristo, perdonar de corazón, estos son algunos ejemplos de actos de caridad.

La caridad es más que el amor. El amor es algo natural. En cambio, la caridad es mas allá de lo normal, es sobrenatural, algo del mundo divino. La caridad es poseer el amor de Dios. Es amar como Dios ama, con su intensidad y con sus características.

La caridad es un don de Dios que permite amar en una medida superior a las posibilidades humanas. La caridad es amar como Dios, claro está, no con Su perfección, pero sí con Su estilo. El estar hechos a imagen y semejanza de Dios nos da la capacidad de amar como Dios.

La caridad es la principal arma para mejorar la sociedad. El amor debe ser el motor que transforma la familia. Ayudemos a los que nos rodean a descubrir a mejor manera de fortalecer la caridad, al pedir a Jesús que nos ayude a vivir esta virtud de manera heroica.

Cuando obramos con caridad y una conducta limpia, ayudando a nuestros semejantes y en ese momento o quizá después nos consideramos a nosotros mismos como herramientas manejadas por Dios, eso está bien. Esa satisfacción es buena para el espíritu en tanto la guardemos sólo para nosotros, para alimento espiritual.

Sin embargo, son muy pocas las personas que pueden lograr hacer esto de manera auténtica, con verdadera humildad; es una virtud de los que generalmente llegan a ser santos.

Así que es más fácil no cometer ningún tipo de pecado, evitando las tentaciones. Si lo hacemos, porque  es nuestra naturaleza humana y somos proclives a ello, lo correcto es arrepentirnos de corazón. Muchas personas se sienten extraordinarias cuando han hecho una pequeña acción meritoria y alardean de esta acción como algo de lo que deban enorgullecerse.

Cuando obramos así, tales obras no son hechas por amor verdadero, sino por ego, es realizado para ganar el reconocimiento de los demás y mostrar a la gente lo buenos que podemos llegar a ser. En esos momentos no somos realmente amorosos y no logramos entender la esencia de la bondad humana.

Si podemos realizar buenas acciones sin pensar en ello, desinteresadamente, entonces si estamos haciéndonos justicia. Y mucho mejor si no criticamos a los otros por no hacer lo mismo. Así que, algunas veces he dicho: Hacer actos de caridad no es la única cosa buena, lo mejor es cuando no hacemos ostentación. Cuando nuestra práctica espiritual es buena, todo lo que hacemos es bueno.

Hay que hacer obras de caridad y ser solidarios sin esperar recompensa alguna, ni algún  reconocimiento. No pensemos que por eso somos extraordinarios. Más bien hagamos el bien de manera oculta y evitemos ser elogiados. No creamos que por ello tengamos algún derecho particular, es más, ¡no pensemos que debamos tener algún mérito!

Hemos nacido sin una sola prenda en nuestro cuerpo así que ¿cómo podemos reclamar alguna prebenda? Inclusive el dinero está simplemente circulando entre nosotros, dado que también pertenece a Dios. ¡Nada nos pertenece! ¿Así que cómo podemos hacer ostentación o estar orgullosos de algo?

La Santa Palabra dice al respecto lo siguiente en Mateo 6, 1 -18:
<<Guárdense de las buenas acciones hechas a la vista de todos, a fin de que todos las aprecien. Pues en ese caso, no les quedaría premio alguno que esperar de su Padre que está en el cielo.

Cuando ayudes a un necesitado, no lo publiques al son de trompetas; no imites a los que dan espectáculo en las sinagogas y en las calles, para que los hombres los alaben. Yo se lo digo: ellos han recibido ya su premio.

Tú, cuando ayudes a un necesitado, ni siquiera tu mano izquierda debe saber lo que hace la derecha: tu limosna quedará en secreto. Y tu Padre, que ve en lo secreto, te premiará.

Cuando ustedes recen, no imiten a los que dan espectáculo; les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que la gente los vea. Yo se lo digo: ellos han recibido ya su premio.

Pero tú, cuando reces, entra en tu pieza, cierra la puerta y ora a tu Padre que está allí, a solas contigo. Y tu Padre, que ve en lo secreto, te premiará.

Cuando pidan a Dios, no imiten a los paganos con sus letanías interminables: ellos creen que un bombardeo de palabras hará que se los oiga. No hagan como ellos, pues antes de que ustedes pidan, su Padre ya sabe lo que necesitan.

Ustedes, pues, recen así: Padre nuestro, que estás en el Cielo, santificado sea tu Nombre, venga tu Reino, hágase tu voluntad así en la tierra como en el Cielo. Danos hoy el pan que nos corresponde y perdona nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores, no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del Maligno.

Porque si ustedes perdonan a los hombres sus ofensas, también el Padre celestial les perdonará a ustedes. Pero si ustedes no perdonan a los demás, tampoco el Padre les perdonará a ustedes.

Cuando ustedes hagan ayuno, no pongan cara triste, como los que dan espectáculo y aparentan palidez, para que todos noten sus ayunos. Yo se lo digo: ellos han recibido ya su premio. Cuando tú hagas ayuno, lávate la cara y perfúmate el cabello. No son los hombres los que notarán tu ayuno, sino tu Padre que ve las cosas secretas, y tu Padre que ve en lo secreto, te premiará>>

© Hernán Antonio Núñez