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domingo, 5 de mayo de 2013

Busco a Dios




Sucedió una vez en Roma que un joven, visiblemente afectado se presentó ante un sacerdote y le dijo: -Busco a Dios-.

El reverendo le hablo sobre Las Escrituras, que el joven escuchó con paciencia. Acabado el sermón, el joven marchó triste en busca del obispo. -Busco a Dios, le dijo llorando al obispo-.

Monseñor le leyó una pastoral que acababa de publicar en el boletín de la diócesis y el joven oyó la pastoral con gran cortesía, pero al acabar la lectura se fue angustiado al Vaticano y pidió licencia para ver al Sumo Pontífice.

Cuando se le dio la audiencia le dijo  el Papa: -Busco a Dios-. Su Santidad se dispuso a resumirle su última encíclica, pero el joven rompió en sollozos sin poder contener la angustia. -¿Por qué lloras?-, le preguntó el Papa totalmente desconcertado.

-Busco a Dios y me dan palabras- dijo el joven apenas pudo recuperarse. Aquella noche, el sacerdote, el obispo y el Papa tuvieron un mismo sueño. Soñaron que morían de sed y que alguien trataba de aliviarles con un largo discurso sobre el agua.

Autor desconocido