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jueves, 30 de mayo de 2013

La Verdad

¿Cuantas veces nos creemos dueños de la verdad?...


Cuántas veces nos creemos dueños absolutos de la verdad, sentados sobre un pedestal de donde no queremos bajar y escuchar razones, con nuestro ego y orgullo a la máxima expresión, seguros de nosotros mismos, sin un ápice de humildad, creyéndonos perfectos, poderosos, semidioses, viviendo en nuestro propio reino, donde ni siquiera El Todopoderoso tiene cabida ni lugar, mirando el pecado ajeno sin revisar en nuestra propia conciencia; incapaces de compartir y mucho menos perdonar...


Entender a aquel que señalamos con el dedo, sin darnos cuenta que cuando señalamos a alguien tres de nuestros propios dedos apuntan hacia  nosotros mismos, comprender al que cayó en desgracia, a esa persona que es motivo de escándalo, a ese ser que hoy se arrastra en el fango, a quien todos le damos la espalda, de quien todos harán leña como el árbol caído; es muy fácil ver los toros desde lejos, pero el que está en el ruedo es quien ve el peligro frente a su nariz.


Pero acaso... ¿sabes que tu destino un día puede cambiar ¿Qué así como subiste igual  puedes caer? Y cuan más alto te hayas levantado mayor puede ser el golpe al desplomarte de la altura donde ya ni caminas sino que vuelas! y estarías en el mismo lugar de aquel a quien tanto desprecias! (solo que en peores condiciones), de quien apartaste la vista para tranquilizar tu conciencia, de quien hablas a hurtadillas y hasta a vivas voces de su mala fama.


No has leído en Las Divinas Escrituras (Mateo 7, 1-5): "No juzguen a los demás y no serán juzgados ustedes. Porque de la misma manera que ustedes juzguen, así serán juzgados, y la misma medida que ustedes usen para los demás, será usada para ustedes. ¿Qué pasa? Ves la pelusa en el ojo de tu hermano, ¿y no te das cuenta del tronco que hay en el tuyo? ¿Y dices a tu hermano: Déjame sacarte esa pelusa del ojo, teniendo tú un tronco en el tuyo? Hipócrita, saca primero el tronco que tienes en tu ojo y así verás mejor para sacar la pelusa del ojo de tu hermano".


Así podemos estar nosotros por cometer tantos errores, por ser tan soberbios, por dejarnos vencer por el mal, así nos habrán de crucificar también a nosotros, haciéndonos a un lado en la más terrible y oscura soledad, allí si nos acordaremos del Creador para pedirle ayuda.



Por eso no debes escandalizarte de ese pobre pecador ni de ningún otro semejante, al fin y al cabo todos somos iguales ante los ojos del Creador, quien además es el único y auténtico Juez. Mas bien, debemos ser solidarios con nuestro prójimo.


Dice La Santa Biblia, (Levítico 19, 15-18): "No dictarás sentencias injustas. No harás favores al pobre, no te inclinarás ante el rico, sino que juzgarás con justicia a tu prójimo. No calumniarás a tu prójimo ni buscarás medios legales para hacerlo desaparecer. No odies en tu corazón a tu hermano; pero corrígelo, no sea que te hagas cómplice de sus faltas. No te vengarás ni guardarás rencor contra tus paisanos, sino que más bien amarás a tu prójimo como a ti mismo, pues Yo soy Yavé".


Mañana puedes ser tú el que caigas,  porque… ¿quién no ha sucumbido a una tentación? ¿quién es aquel que no ha tropezado más de una vez? ¿quién no ha confiado en su propio juicio sin invocar al Padre Eterno? ¡Dímelo! ¿Quién? El que esté libre de pecado que lance la primera piedra...


No seamos jueces, ni verdugos, no asumamos la tarea de Dios! Que en nuestros labios y nuestros ojos solo asomen siempre la misericordia y el perdón para ese hermano, ese amigo o inclusive enemigo, para ese prójimo que encontró la desdicha. Que en nuestro corazón solo viva y triunfe la humildad, la misericordia, la solidaridad y  el Amor.


Autor: Desconocido
(Editado por mí)