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sábado, 25 de mayo de 2013

La vasija agrietada

Un cargador de agua en la India tenía dos grandes vasijas que llevaba encima de sus hombros colgadas a los extremos de un palo. Una de las vasijas era perfecta y entregaba el agua completa al final del largo camino desde el arroyo hasta la casa de mi maestro.

La otra vasija tenía una grieta por donde se iba derramando el agua a lo largo del camino. Cuando llegaban, sólo podía entregar la mitad de su contenido. Durante dos años se repitió día a día esta situación.

La vasija perfecta se sentía orgullosa de sí misma, mientras que la vasija agrietada vivía avergonzada de su propia imperfección y se sentía miserable por no poder cumplir a cabalidad la misión para la que había sido creada.

Un día, decidió exponerle su dolor y su vergüenza al aguador y le dijo: -Estoy muy avergonzada de mí misma y quiero pedirte disculpas-“¿Porqué?” le preguntó el aguador. -Tú sabes bien por qué, es debido a mis grietas, sólo puedes entregar la mitad del agua y por ello sólo recibes la mitad del dinero que deberías recibir-.

El aguador sonrió mansamente y le dijo a la vasija agrietada: “Cuando mañana vayamos una vez más a la casa del patrón, quiero que observes las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino”.

Así lo hizo y en efecto, vio que las orillas del camino estaban adornadas de bellísimas flores. Esta visión, sin embargo, no le borró la congoja que crecía en su alma de vasija por no poder realizar su misión a plenitud. Al volver a la casa, le dijo el aguador: “¿Te diste cuenta de que las flores sólo crecen en tu lado del camino?”

“Siempre supe de tus grietas y te dejé así a propósito, tenía una idea para aprovechar esa debilidad. Sembré flores por donde tú ibas a pasar y todos los días, sin tener que esforzarme nada para ello, tú las has ido regando”.

“Durante estos dos años, yo he podido recoger esas flores para vender y adornar el altar de mi maestro. Si tú no fueras como eres, yo no habría aprovechado esa ganancia y él no habría podido disfrutar de su belleza.

Todos tenemos grietas y limitaciones, y aun así, todos tenemos nuestro valor. Debemos saber que siempre existe la posibilidad de aprovechar nuestras debilidades para obtener los mejores resultados. Con frecuencia, nuestras debilidades podemos convertirlas en fortalezas para otros.

El ser conscientes de ellas nos vuelve humildes y comprensivos. No hay nada más insoportable que una persona que se siente perfecta o santa. Los verdaderos santos se reconocen pecadores y los auténticos sabios son los que más vocean su ignorancia.

Necesitamos una educación que no castigue el error, sino que lo convierta en una maravillosa oportunidad de aprendizaje. Una educación que transforme las limitaciones en retos y propuestas de superación, que convierta los peligros en oportunidades.


A pesar de tus equivocaciones y debilidades, eres una persona muy valiosa. No todos valemos para lo mismo, pero algo si es seguro, ¡todos valemos! El reto consiste en descubrir nuestros talentos para potenciarlos y bien afincados sobre ellos, realizarnos en la vida plenamente.

No te consideres nunca superior a otros ni desprecies a nadie porque piensas que son peores o menos inteligentes que tú, pero tampoco te sientas inferior a nadie, lo que tu realices en la vida no lo puede hacer nadie más y por humilde que sea tu trabajo vale. Ponte siempre del lado del más débil y potencia sus habilidades y valores.