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miércoles, 29 de mayo de 2013

Día del Adulto Mayor

Día del abuelo o del adulto mayor


Con todos los honores que por derecho natural le corresponde, esta fecha 29 de Mayo, se celebra en Venezuela, el “Día del Adulto Mayor”, ese árbol de vida que deja huellas en nuestra historia, formadores del carácter de sus hijos y nietos y descendencia en general, historia vivida y modelo de virtud que inculca valores sin mezquindad.



En algunos países se celebra esta fecha los 10 de junio y, según resolución de las Naciones Unidas, en otras naciones del mundo se conmemora el 1 de octubre. No obstante: ¿Cuál es la verdadera historia? ¿Por qué en Venezuela se rinde tributo a los abuelos y abuelas cada 29 de mayo?



Ser abuelo no es motivo para festejar sólo un día, pero ellos se merecen que exista el Día del Abuelo. La celebración de este día en nuestro país, se hace para rendir honores a Alonso Andrea de Ledesma, un espigado y viejo guerrero que formó parte de las expediciones de conquista de Diego de Losada en 1567. Se sabe de la historia, que ello implica a  luz de la llegada de los “conquistadores torvos” de los que hablaba Neruda en su poética inolvidable, de acuerdo a nota de prensa.



Cuenta la historia que Don Alonso Andrea de Ledesma, fue un hidalgo valeroso quien combatió junto a Don Juan de Carvajal y el Capitán Diego García de Paredes y que participó en las Fundación del Tocuyo y Trujillo. Fue también el primero en entrar a la fortaleza donde Lope de Aguirre se resistía, convirtiéndose en uno de sus captores. Participa activamente en la conquista, y ese mismo año participa en la fundación de Caracas, ciudad de la que fue su primer alcalde y corregidor, haciendo su residencia en el pueblo de Baruta. Y así sigue combatiendo y participando en varias batallas hasta que un 29 en mayo de 1595, se enteró que unos piratas iban rumbo a su ciudad.




El pirata inglés Amías Preston, con seis barcos artillados toma por asalto el puerto de Guaicamacuto, localizado a media legua de La Guaira. El grupo de piratas ingleses que desembarcaron en las costas de la Guaira, saquearon todo el poblado y mataron a muchos pobladores que defendían el sitio. La nefasta noticia llego a la ciudad de Caracas, también el rumor de que los filibusteros continuarían camino a esta, para darle el mismo destino que al puerto.




Los habitantes de aquella Caracas, colonial y paupérrima, asustados por lo que se decía se les venía encima, llamaron a cabildo abierto y allí decidieron huir a oriente, por lo menos, hasta que los piratas se cansaran de estar por estas tierras. De repente, entre la muchedumbre reunida en la plaza mayor, se oyó una trémula voz que decía: “Caracas nunca ha huido ni lo hará”, era Don Alejandro, el noble hidalgo español, venido a estas tierras desde hacía mucho y hombre noble que aun poseía la gallardía de su estirpe.



Por supuesto los demás pobladores temerosos tomaron rumbo a oriente, tan solo él con su esquelético y débil cuerpo montado sobre un caballo del mismo aspecto y trajeado con armaduras ya oxidadas, tomó la vía al litoral, "el camino de los españoles" (En la Pastora, Puerta de Caracas) para enfrentar al enemigo de su amada ciudad. Con este porte, encaminó su rumbo antes mencionado en búsqueda de un destino ya marcado, así emprendió su último viaje.


Pero el arrojo del hidalgo quedó en la historia plasmado en ocasión de la llegada de piratas ingleses comandados por Preston, a tierras caraqueñas. Alonso Andrea de Ledesma se negó a abandonar la ciudad, y decidió enfrentar a los corsarios vistiendo una armadura oxidada con una especie de bacinilla como casco.




El capitán pirata Preston fue conducido por el camino hacia Caracas a través del cerro el Ávila por un traidor, quien por cierto, luego recibió como pago a su traición, el ser degollado por los propios piratas.



Cuando los piratas se trasladaban a Santiago de León de Caracas, los habitantes de la ciudad salieron despavoridos. En esa huida solo el anciano tomó las armas, con armadura vieja en su caballo con su lanza y valor se lanzó sobre los piratas, ese anciano era Don Alonso Andrea de Ledesma.



Al verlo venir, el capitán pirata no podía contener la risa, pues era un solo combatiente contra esos feroces hombres que él capitaneaba, curtidos por el salitre y la guerra, aunque también sintió admiración por el arrojo y temple del caballero, ordenando, por respeto, que no le hicieran daño y lo capturasen vivo, pero este gesto ofendió a Don Alejandro y tomando en alto su lanza se enfiló rumbo a las tropas de bandidos logrando causar algunas bajas entre los piratas, por lo que el pirata Preston se ve en la necesidad de abrir fuego.


Suenan, entonces, los arcabuces y el caballero cae a tierra, muerto.  Este noble hidalgo cayó al piso con los brazos extendidos como queriendo abrazar al camino y así impedir el paso a Caracas. Al quitarle la armadura Preston se da cuenta de que el intrépido y feroz jinete es solamente un anciano alto, delgado, de barba blanquecina. En honor a quien salió solo a defender la ciudad, limpian el cadáver, lo ponen sobre un escudo, lo cubren con una capa y disparan sus armas al aire. El capitán  de los forajidos, ocultando una lagrima en su rostro para que no lo vieran sus hombres, ordenó que hechos los honores, fuese enterrado justo antes de seguir camino a la capital.



En un artículo titulado “Caracas”, publicado en 1846, Don Juan Vicente González relata el suceso de la siguiente manera: “Apenas el anciano Alonso de Ledesma salió solo, tembloroso por la edad, pero valiente, en su caballo, acusando así a la juventud que debiera, por lo menos, acompañarle.”



Cuentan que esta historia del notable hidalgo pudo haber sido la inspiración de Miguel de Cervantes Saavedra para su gran obra Don Quijote de la Mancha. Aunque no existen datos precisos que indiquen la ciudad exacta donde se escribió la obra, algunos aseguran que fue en Sevilla, por lo que se puede inferir que por ser el puerto de entrada al comercio americano de la época, el autor pudiera haber escuchado esta historia de algún marinero que la escuchó a su vez en tierras americanas.



Fuentes: Libro Fundación Polar/Mary Canelón Delgado, Biblioteca Pública Bolivariana “María Calcaño”