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miércoles, 1 de mayo de 2013

Día del Trabajador

Hoy, 1° de mayo, es una fecha que se celebra en todos los países del mundo, como El Día Internacional del Trabajador, para conmemorar un evento que significa el gran homenaje a los trabajadores quienes son los que producen su sustento de vida, algunos hasta lograr su propia riqueza a fuerza de sacrificios y la riqueza de empresas y naciones.

A pesar de las dificultades que enfrentó el movimiento sindicalista en los últimos años del siglo XIX y primeros del siglo XX, la batalla por los derechos de los trabajadores es un logro irremplazable que se recuerda cada año en todo el mundo como homenaje a sus precursores.

En la actualidad, varios de esos logros se han quedado estancados, aun cuando la mayoría de los trabajadores está consciente de sus derechos y obligaciones, los beneficios y prestaciones que otrora lograron, hoy día ya es insuficiente.

Nuestro pueblo se haya de brazos atados por un gobierno que dice que trabaja por las masas, pero en la realidad lo que hace es buscar un sistema de gobierno que pueda perpetuarlos en el poder con la política del "No me den, ...pónganme donde haiga".

Todos y cada uno de nosotros somos producto de nuestra cultura: sus objetivos, sus valores, sus mitos y creencias erróneas, sus ideales, sus ritos, su tradición, su historia, inclusive su política y lo que es más importante, su cambio.

La sociedad es la transmisora de ese contenido cultural que moldea nuestra personalidad, nuestros patrones mentales y emocionales; el estado por ende debería ser imparcial para que sus electores tengan la más amplia visión y así asegurar un mejor convivir entre sus ciudadanos.

En numerosas ocasiones resulta difícil superar los “así debería ser” y “no debería ser así” de nuestros imperativos culturales que tan reciamente influyen en nuestros patrones de comportamiento y que moldean la percepción de la realidad en que vivimos.

 No obstante, tal cosa es esencial si deseamos establecer cierta armonía de acción recíproca entre el ser y el medio en que se mueve... y eso incluye a otros conciudadanos, lugares, ideas y cosas.


Sin embargo, esta acción recíproca está tan cargada de mitos, normas anticuadas y rápidos cambios tecnoculturales que ocurren en nuestra sociedad con frecuencia, sobre todo cuando estamos invadidos por todos los medios de comunicación de una andanada de información sesgada de parte de los dueños de los mismos, sean particulares o del gobierno, por ello nuestra percepción se distorsiona y nuestras interpretaciones se invalidan, en especial la de acción recíproca humana y las de comunicación.

Como consecuencia, las relaciones humanas se rompen en muchos niveles. Procuramos buscar una respuesta, de encontrar la dirección acertada, por eso tratamos de crecer como personas por medio de una mejor comunicación y para ello debemos documentarnos e investigar y no dejarnos llevar por la corriente, porque si no nos convertimos en auténticos peleles, que sólo repetimos lo que oímos.

Tratamos de aceptar nuestras emociones, buenas y malas, en vez de dejar que sea la sociedad y el estado quien nos defina como debemos sentirnos; deseamos también comunicarnos con eficacia, escuchando abiertamente lo que otros tengan que decir, interpretando los sentimientos que haya detrás de sus aseveraciones, en vez de dejar que lo emocional y las suposiciones nublen el mensaje o interrumpan la comunicación.

Tenemos que respetar nuestro propio ser antes de que podamos empezar  a respetar el ser de los demás. El reconocimiento de una dignidad básica y universal del género trabajador y humano en todos y cada uno de sus representantes es la conformación de nuestra propia e inherente dignidad.

A este gobierno como los que le han antecedido no les importa la forma de vida del pueblo venezolano; para el trabajador y su familia la sociedad ha ido deteriorándose, su poder adquisitivo cada vez es menor, la incertidumbre social en cuanto a seguridad ya no tiene límites; ahora hasta su propia familia es su enemiga, por patrones divisionistas signados por el sector gubernamental.

En oportunidades pienso que distinto sería, si nuestro país fuese una fuerza solidaria, un pueblo que actúe como un solo hombre ante la adversidad; como hemos sido siempre, prestos a acudir al llamado del hermano en desgracia.


Por eso no he podido asimilar todavía la irresponsabilidad de quien pescando en rio revuelto logró con un árbitro parcializado (CNE) obtener la mitad de votos por “decisión popular” y fue designado por unos poderes públicos genuflexos al gobierno, para regir nuestra nación, para eliminar las taras sociales que nos aquejan, unificando esfuerzos y lo que hace es continuar un discurso de división y de odio entre venezolanos.

Me miro al espejo y me pregunto: ¿En este maremágnum ideológico, en este arroz con mango, debo tomar un lugar en esta división? ¿soy escuálido o chavista ante este crisis? o soy venezolano al igual que aquel que ha perdido su casa por los deslaves o las inclemencias del clima, o es que la violencia delincuencial acaso respeta a chavistas o no chavistas? ¿quizá la desgracia anda solicitando el carnet del partido o mira antes el color de la franela? Aprovechar el dolor y el sentimiento de desespero ante los escases y la indefensión de sentirse en la calle con fines políticos, dividiendo a los hermanos es criminal, es un asesinato a la solidaridad, es matar vilmente a la esperanza.

Venezuela, hasta 1998 fue un país donde la tolerancia, la hermandad, el compadrazgo, independientemente del sacramento o no, era nuestra forma normal de comportamiento y no estoy diciendo con esto que entonces vivíamos mejor. Fomentar la división entre chavistas y escuálidos, entre pobres y ricos, entre blancos y negros, no encaja, con nuestra idiosincrasia, el grado de fanatismo de lado y lado ha disgregado la sociedad y la familia con repercusiones sicológicas a todo nivel.

Simón Bolívar, el Libertador de nuestra patria, en su proclama sobre la libertad de los esclavos ( Cuartel General de Ocumare, 6 de Julio de 1816) Señalaba lo siguiente: “ De aquí en adelante solo habrá en Venezuela una clase de hombres, todos serán Ciudadanos” ...y digo yo, ¿qué pensaría nuestro Libertador hoy, con la división que tenemos entre "Chavistas, Rojos rojitos" y "Escualidos y majunches"?


Y esta división afecta al propio gremio trabajador como a toda nuestra nación. Aquí pudiera hacer un breve recuento de la historia del trabajador venezolano, sus luchas, sus logros, pero de verdad que no me nace el resaltar algo conquistado pues al contrastarlo con la realidad social del trabajador de hoy, me sume en profunda depresión.

Pero no obstante, si quiero felicitar al bravo pueblo venezolano, liderado por sus trabajadores, hombres y mujeres, echados pa’lante, porque estoy seguro que nuevamente harán frente a toda imposición unilateral por parte del gobierno de turno, a esta alienación mediatica, de cualquier parte que venga, a todas las marchas ajuro  y lograrán de nuevo buscarse un sitial combativo y de honor para el trabajador de Venezuela.

Trabajo duro... ¿Para mi familia?