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martes, 28 de mayo de 2013

El hombre y la mariposa

Un hombre encontró un capullo y lo llevó a casa, de manera de observar como emergía la mariposa del capullo. Un día algo pequeño apareció, El hombre se sentó y observó por algunas horas como la mariposa luchaba forzando su cuerpo a través de la pequeña abertura del capullo.

Parecía que no había ningún progreso. Era como si la mariposa no podía salir. Estaba atascada. El hombre en su bondad decidió ayudar a la mariposa. Tomó unas tijeras y cortó lo que faltaba para que saliera el pequeño cuerpo de la mariposa. Y así fue, la mariposa salió fácilmente.

Pero su cuerpo era pequeño y retorcido, y sus alas estaban arrugadas, no se habían desarrollado. El hombre continuó observándola en espera de que en cualquier momento la mariposa estirara las alas. Pero nada pasaba. De hecho la mariposa pasó el resto de su vida arrastrándose en su retorcido cuerpo, sin poder volar.

Lo que el hombre no entendió, a pesar de que lo hizo movido por su corazón y piedad, es que el pequeño capullo y la lucha requerida para salir del pequeño agujero era la manera en que Dios inyectaba fluidos desde su cuerpo hacia las alas, de manera que se fortaleciera, para alistarla para volar y tomar la libertad. Libertad y vuelo que sólo pueden venir al fortalecerse con la lucha por liberarse.

Privando a la mariposa de la lucha, el hombre la privó de su salud y libertad.


Algunas veces nuestras luchas y aflicciones, son exactamente lo que necesitamos en nuestras vidas para fortalecernos, para curtirnos. Si Dios nos libra de todos los obstáculos en nuestro devenir podría lisiarnos y tornarnos débiles e inadaptados en nuestras vidas; no seríamos tan fuertes como lo hemos sido hasta ahora.