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miércoles, 1 de mayo de 2013

Rosa



A veces para tocar la rosa y no dañarla
es necesario sentir sus espinas
que no es otra cosa que su defensa
y a nosotros nos hieren,
pero cómo vamos a culparla
si tantos han querido maltratarla.



Pero el observar extasiadamente su belleza
entender su sonrojo y grácil nobleza
al oler su suave y delicado perfume
es difícil que el amor no nos abrume
queriendo transformarnos en ágil mariposa
libando sus néctares de forma deliciosa

© Hernán Antonio Núñez