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miércoles, 1 de mayo de 2013

Madrina Ramona




Mi madrina Ramona (tía materna) era una Santa (aunque no aparezca inscrita en ningún calendario). Más que con palabras me demostró con su ejemplo de vida cuanto sentido tuvo Dios en toda su existencia.


Desde niño siempre la vi rezar el Santo Rosario a diario, a veces con mi mamá y otras veces sola; siempre nos pedía con mucho cariño que la acompañásemos en la oración.


Desde que tengo uso de razón me acuerdo que siempre asistía a misa todos los domingos y fiestas de guardar sin falta, pero además lo hacía también los primeros viernes y sábados de cada mes. 



Poseía el don de una ternura extrema, lo cual hacía prácticamente obligado que cualquier niño o adulto de la familia, inclusive fuera del seno familiar, la amara desde el primer momento (por el sentimiento que inspiraba), tenía un espíritu sencillo y cautivador.


Pese a que nuestra vida fue muy humilde, jamás le escuche pronunciar una sola queja, grosería mucho menos proferir una maldición (decía que era escupir hacia arriba),  en oportunidades cuando se tropezaba y se golpeaba decía: "Bendito o Alabado sea Dios". Tenía la sonrisa más agradable y dulce que jamás haya visto.


Nunca la vi en la calle hablando mal de otra persona, ni mal reunida, al contrario, siempre perteneció a organizaciones religiosas (Legión de María, Apostolado de Fátima, Adoradores del Santísimo, Hijas del Sagrado Corazón de Jesús), colaboraba con las misiones y siempre estaba presta cuando alguien necesitaba de sus servicios.


Me parecía increíble como conocía a toda la familia por lejos que estuviera y como cuando nacía alguno (sobre todo en el campo) allá iba a tener y se las arreglaba para hacerle un obsequio. Toda la familia la quería mucho.


A los 92 años enfermó por un ACV y 2 meses después tuvo un infarto intestinal que ameritó una intervención quirúrgica de emergencia, la cual no aceptó hasta que le consiguiéramos el Pan Diario de la Palabra y se la leyéramos y tomara la Eucaristía, ¡sólo así subió a pabellón!


Ya después de operada (le quitaron 6 mts. de intestino delgado necrosado) jamás le escuché un quejido durante su estadía en el hospital y al preguntarle si le dolía, me respondió – Si, me duele mucho hijo, pero este dolor se lo ofrezco a Dios por la felicidad de todos ustedes –.


En plenitud de sus facultades mentales mandó a buscar al sacerdote para que le aplicara los Santos Óleos. Luego manifestó su deseo de irse a casa a “descansar” y mandó a preparar un vestido blanco para ponerse el sábado que era “el día que debía partir” (según sus propias palabras).


Justamente a los 3 días de estar en casa (empezando el día sábado 16 de Diciembre de 2000), en nuestra presencia exhaló un último suspiro, cerró los ojos y con una apacible sonrisa descansó en la paz del Señor. Es de hacer notar el detalle que al instante de fallecer, el cuarto se impregnó de un delicado y exquisito olor a flores.


¡Desde el cielo bendice nuestra familia, amada Madrina!